A estas alturas del calendario, cuando la temporada de tierra ya ha arancado y el 2018 está ya en mayo, Novak Djokovic sigue sin dar señales de renacimiento tras su dolencia en el codo y la endeblez mental que arrastra en el último par de cursos. El serbio sigue buscando la senda que le devuelva la autoestima y la convicción, como ya hicieran Roger Federer y Rafael Nadal antes de que su rendimiento estallara en 2017. El de Belgrado no ha llegado a ese punto de catarsis, ni mucho menos.
El actual número 13 del mundo y ganador de 12 Grand Slams (68 torneos de la ATP) ha amontonado decepciones. Perdería en sus primeros partido en los Masters 1.000 de Indian Wells y Miami. Además, en el Montecarlo padeció un desplome mental ante Thiem (7-6, 6-2, 6-3). En el Principado, hace unas semanas, proclamó su alegría por jugar sin dolor (casi tres meses después de decidir someterse a cirujía para sanar de la dolencia en el codo), pero en el reciente Godó fue apeado, contra todo pronóstico, por el 144 del ránking. Martin Klizan le deshilachó por 6-2, 1-6 y 6-3. Refrescando la sospecha de que el problemade 'Nole' esté en su cabeza.
Ahora ha aterrizado en Madrid para intentar uniformar el torneo capitalino como el de su relanzamiento. El jugador de 30 años, que ha confesado que su "confianza que no está a su nivel más alto", ha defendido que "siempre he creído en mí y por eso fui capaz de cumplir todos mis sueños de la infancia, por eso, lo único que puedo hacer es refugiarme en el trabajo para arreglarlo". "Unos pocos partidos buenos y un buen torneo y estaré de vuelta", ha prometido. Su primer examen sera madrileño.
Tras recluirse en el complejo tenístico de referencia en su ciudad natal, Djokovic ha calificado el pasado año y medio como "un desafío". Y, ahora que tiene un poco de perspectiva antes de volver a la batalla, ha diagnosticado que su hambre de regresar a la competición le jugó una mala pasada. Volvió antes de lo que marcaba el plazo médico de recuperación. "Fue mi decisión, porque echaba de menos demasiado jugar al tenis, pero no estaba listo y me pasó factura", reconoció un jugador que ha "tenido que bajar mis expectativas, pero mi motivación y mis ambiciones siguen sin cambios".
Además del balcánico, otra de las atracciones principales del torneo de Madrid es Garbiñe Muguruza. La hispano venezolana, que lució en la Copa Federación y se tuvo que retirar en Stuttgart (por un recurrente dolor en la espalda), también quiere que su paso por la capital española le suponga un trampolín en lo relativo a su consistencia. "He notado dolor en la zona lumbar desde la Copa Federación. Ha sido más o menos desde que empecé a jugar en tierra batida. Aquí se acentuó tras el tercer juego. No podía correr bien", expuso tras apearse de su duelo ante la rusa Anastasia Pavlychenkova, el pasado 26 de abril.
La caraqueña no ha disfrutado de continuidad desde que tocara techo con el número 1 en 2017 y en este curso sólo se ha podido llevar a a boca la final de Doha. Por eso valora su devenir del siguiente modo: "Con altos y bajos, siempre hay cosas buenas y malas como en todos los años. Forma parte del deporte". "Se acuerdan mucho de las cosas malas y no tanto de las buenas pero forma parte del deporte al final. Siempre hay que estar compitiendo, en el ojo del huracán", ha reflexionado sobre al presión que le ha generado haberse presentado a los focos mundiales ganando Roland Garros y Wimbledon.
Muguruza, que sigue metida en la punga por el 1 de la WTA y asume que se motiva más en los Grand Slams, ve al Madrid Open como un torneo "muy estimulante". "Estoy muy feliz de estar aquí porque no tenemos muchos torneos de tenis en España, de hecho este es el único femenino. Siempre me hace ilusión jugar delante de mi público, estar aquí. Además es un torneo muy importante para nosotras", ha desglosado una jugadora que todavía no ha rimado físico, mente y calidad con la regularidad de la pasada temporada.
Por último, la ganadora de seis torneos en el circuito femenino desde que se hizo profesional (tiene 25 años) se ve reforzada tras ganar en Monterrey. "(Ese torneo) Me dejó un sabor de boca espectacular. Me recibieron con los brazos abiertos y el público me ayudó muchísimo a que esa semana ganase", explica para recalcar que "es seguro que lo deseo (ganar el resto de grandes) y lo pienso cada vez que salto a entrenar, que estoy en un torneo. Es tan difícil que pase... pero si lo he conseguido en los otros ha sido creyendo". El público español atestiguará si ya ha sintonizado la velocidad de crucero que tanto anhela para acometer ese ambicioso objetivo.