Opinión

Gaziel y el independentista catalán de siempre

TRIBUNA

Juan José Laborda | Jueves 03 de mayo de 2018

Gaziel fue el seudónimo que utilizó Agustí Calvet Pascual (S. Feliú de Guixols, 1887-Barcelona, 1964), un gran periodista e historiador catalán, al que otro historiador de nuestros días, Jordi Canal, nos lo ha situado, con razón, en el más alto nivel intelectual como analista de la integración/desintegración de Cataluña en relación con España.

Gaziel, que llegó a ser director de “La Vanguardia” en los años treinta del pasado siglo, repensó el contenido de las obras de historiadores nacionalistas, como fueron Rovira i Virgili y Ferrán Soldevilla, llegando a conclusiones que hoy sorprenden por su agudeza y modernidad. Anticipándose a teorías del Estado, que surgieron después de la II Guerra Mundial (y a la vista del destrozo apocalíptico causado por los nacionalismos), Gaziel observó en el pasado de Cataluña unas constantes históricas que los historiadores nacionalistas pasaron por alto, o que no quisieron nunca registrar.

La primera, que Cataluña en sus más de mil años de historia, nunca alcanzó a constituirse en una entidad política, lo que después se denominaría entidad nacional soberana, como otras regiones europeas, por ejemplo, Castilla, Inglaterra, Escocia, Piamonte, Prusia, etcétera.

Y la segunda, que los catalanes no fueron capaces nunca de construir un Estado propio, en gran medida resultado de que no lograron una unidad o un consenso interno sobre la naturaleza de dicho Estado.

Jordi Canal profundiza en el legado intelectual de Gaziel en sus dos obras recientes dedicadas a Cataluña, y en la última, “Con permiso de Kafka. El proceso independentista en Cataluña” , reproduce un artículo que Gaziel publicó el 28 de febrero de 1930 en “La Vanguardia”, que creo interesante resumir aquí, en estos días que necesitamos una cierta distancia para calibrar las consecuencias del fin de ETA, y los últimos vaivenes de los independentistas catalanes, y todo eso dentro de un clima político demasiado desquiciado.

Leamos a Gaziel: “El sino político de la tierra catalana, desde que España se constituyo en unidad nacional a fines del siglo XV, ha sido constantemente un sino protestatario. Mal avenida con el uniformismo creciente del Estado español, que desconocía y olvidaba la personalidad catalana, Cataluña ha vivido, políticamente hablando, en un estado de malhumor y enfurruñamiento constantes: unas veces, la mayor parte del tiempo, dormitando acurrucada al margen de la vida pública, replegada en sí misma, bajo apariencias de ser un satélite más -un opaco y moroso satélite- en el sistema de gravitación centralista española (a la moda francesa); y otras veces, de pronto, dando bruscos estallidos anárquicos, que nunca, ni remotamente, le resolvían nada a ella, pero tan fuertes, de una realidad tan brutal, que bastaban para hacer tambalear a España entera. Pasadas estas convulsiones, volvía siempre el aparente sopor. Cataluña viene siendo, desde hace cuatro siglos, la epiléptica de España”.

“De manera - prosigue Gaziel- que en el fondo del separatismo catalán ha habido siempre una contradicción radical. El separatista cree que es imposible entenderse con el resto de los españoles; y para remediar esta situación, propone una cosa más difícil todavía, que es desentenderse violentamente de ellos. No se siente capaz de hacer el esfuerzo necesario para influir en España, y en cambio sueña con el gigantesco propósito de escapar en absoluto a su influencia formidable. Para salir de una dificultad, crea otra mayor. Pero ¿si faltan fuerzas para resolver la más pequeña, cómo van a tenerse para la máxima ? Por esto, prácticamente, el separatismo ha sido siempre en Cataluña una pura nulidad. Lo poco que se obtuvo, vino en todo momento por vías del intervencionismo. Y el separatismo no hizo sino deshacer lo hecho, acarreando la anulación o destrucción de lo conseguido, y dejando a Cataluña desolada e inerme, sin la más vaga, sin la más remota, sin la más quimérica compensación.”

“El separatismo es una ilusión morbosa que encubre una absoluta impotencia”, concluye Gaziel su artículo de 1930.

Jordi Canal comenta este texto: “…pero si se hace el esfuerzo por sustituir separatista y separatismo por independentista y independentismo…las palabras de Agustí Calvet, Gaziel, son de rabiosa actualidad.” Y un comentario mío final: ¡Sigamos prefiriendo las encuestas al conocimiento histórico! ¡Así estamos! Pero recordemos que es historiador de profesión, Oriol Junqueras, el dirigente independentista más valorado en las encuestas!