Opinión

Un discurso antisemita

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 06 de mayo de 2018

Sucedió el lunes pasado en Ramala. Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, se dirigía al Consejo Nacional, la asamblea legislativa de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que se reunía por primera vez en más de veinte años, salvo una reunión de emergencia en 2009. No es un buen momento para el veterano líder palestino. Más de cien de los 740 miembros le boicotearon la sesión. Entre ellos estaban los representantes de Hamás, los rivales del partido de Abbas, así como los del Frente Popular para la Liberación de Palestina y los de la Yihad Islámica. La cuestión de fondo es la reorganización de la OLP y la sucesión de Abbas, que padece del corazón. El presidente necesitaba dar un impulso ideológico a la organización que demostrase su vigor y su fuerza en las actuales circunstancias.

Entonces, recurrió al antisemitismo.

Mahmud Abbas pronunció un discurso que podría utilizarse en las Facultades de Historia, Filosofía, Ciencias Políticas y Derecho como ejemplo del texto antisemita y demostración de que los mitos que la judeofobia moderna ha ido construyendo a lo largo de dos siglos gozan, por desgracia, de excelente salud. Haciendo bueno el título del famoso libro de Hadassa Ben-Itto, Abbas abrazó “las mentiras que no han querido morir” y las proclamó ante la asamblea como hechos ciertos.

Así, Abbas no dejó una sola consigna sin repetir, una sola mentira sin difundir ni una sola injuria sin afirmar. Leamos algunos pasajes del discurso adaptados de la traducción publicada por Memri.org.

“Los judíos que se mudaron a Europa Oriental y Occidental fueron sometidos a una masacre por un país u otro cada 10-15 años, desde el siglo XI y hasta el Holocausto en Alemania. ¿Cierto? ¿Pero por qué sucedía esto? Ellos decían que sucedía porque son judíos. Pero tres judíos, en tres libros diferentes… Uno de ellos es Joseph Stalin. Creo que todos lo conocemos, ¿no? Stalin fue judío. Hubo otro, cuyo nombre era Abraham León y un tercero llamado Isaac Deutscher. Los tres dicen que el odio hacia los judíos no fue por su religión”

“Fue Karl Marx. [Él dijo que] la razón del odio a los judíos no es su religión sino su función en la sociedad. Ese es un tema diferente. Así que, el tema judío, prevalente en todos los países europeos… el sentimiento antijudío no fue debido a su religión, sino a su función en la sociedad, que tuvo que ver con la usura, los bancos, etc. La mejor prueba de esto es que había judíos en los países árabes, entonces ¿cómo es que no hubo un solo incidente en contra de los judíos, solo por ser judíos? ¿Creen que exagero? Les reto a encontrar un solo incidente contra los judíos, solo porque eran judíos, en 1400 años, en cualquier país árabe”.

“Permítanme decir algo que les sorprenderá. Puede que lo sepan o no. En 1933, un mes después del ascenso de Hitler al poder, se realizó un acuerdo entre el Ministerio de Economía alemán y el Banco Anglo-Palestino Judío en Jerusalén. Estos acordaron que cualquier judío alemán que desee emigrar a Palestina podía transferir sus bienes movibles a Palestina. ¿Amaba Hitler a los judíos para llegar a tal punto? Cualquier judío que quisiera inmigrar a Palestina tenía derecho a recibir todos sus bienes y propiedad, tanto la movible como la inmovible. Si no quería inmigrar a Palestina, lo único que le daban era un billete de ida para Bélgica”.

“¿Qué quiso Hitler? Quería que el país judío fuese leal a él. Así que ,en 6 años, 60.000 alemanes adinerados emigraron de Alemania hacia Palestina. Entonces, ¿quién trató de establecer la ‘Patria Nacional’ [judía]? Balfour odiaba a los judíos. Sin embargo, les concedió un Estado. El canciller ruso era bien conocido por su odio hacia los judíos y, aún así, les dijo: ‘Vengan, les daré un estado en Palestina’. […] La verdad es que esta es una empresa colonialista, destinada a plantar un cuerpo extraño en esta región”.

Creo que estos párrafos son lo suficientemente elocuentes para comprender hasta qué punto el “mito de la conspiración judía mundial”, que dio título a un famoso libro de Norman Cohn (Alianza, 1983), sigue inspirando la ideología de Fatah y la OLP. Cuando se habla de “moderación”, deberíamos tener presente este aspecto. Cada vez que un político palestino sufre una crisis de liderazgo, puede recurrir al comodín del odio a los judíos -nótese que, en este caso, las referencias son al pueblo judío y no sólo a Israel- y distraer la atención de los problemas reales que sufre su pueblo, por ejemplo, la corrupción, la falta de derechos humanos y la educación en el odio a los judíos, a Israel y al resto de Occidente.

Ciertamente es útil tener un enemigo exterior a quien culpar de todos los males que uno causa o es incapaz de resolver. Hamás lo hace en la Franja de Gaza con éxito aparente entre su propia población -recordemos que allí no hay libertad de expresión- y con notable acogida entre ciertos círculos de opinión europeos y estadounidenses. Por desgracia, Los Protocolos de los Sabios de Sión, el “libelo de sangre”, “Israel como Estado colonial” y otras tantas falsedades que han entrado en el discurso cultural siguen siendo moneda común entre los antisemitas de ambos lados del Atlántico.

Así, junto a los ejemplos habituales del “nuevo antisemitismo”, que con tanto acierto ha analizado Pierre-André Taguieff, Abbas nos ha brindado este caso de antisemitismo moderno a cara descubierta. Los hechos han sido refutados tantas veces que lo realmente interesante es la capacidad de supervivencia que estas mentiras exhiben a lo largo de las décadas. La propaganda tiene un poder que no deja de sorprendernos y que debería inquietarnos.

No debería minusvalorarse la influencia de estos discursos entre los círculos islamistas y yihadistas de Europa. El antisemitismo que hoy se extiende por nuestro continente no viene sólo de los círculos de la extrema derecha o la extrema izquierda herederos de los movimientos totalitarios del siglo pasado, sino que también se nutre del activismo islamista y las organizaciones yihadistas de todo el continente.

Kuwait tuvo que bloquear en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una resolución de condena por el discurso. El escándalo por las palabras de Abbas ha sido de tal magnitud que ha terminado pidiendo perdón: “Si alguien se ha sentido ofendido por mi discurso ante el Consejo Nacional Palestino, especialmente los judíos, le pido perdón. Me gustaría dejar claro que no era mi intención hacerlo y reitero todo mi respeto hacia los judíos, así como a otras religiones monoteístas”.

Sin embargo, hay que hacer una salvedad: el mensaje que día a día se repite en las escuelas, en los medios de comunicación, en las organizaciones sociales y los partidos políticos no va en el sentido del respeto hacia los judíos mencionado en el comunicado de disculpa, sino que alimenta el odio que el discurso ante el Consejo Nacional destilaba. De nuevo, es fundamental atender no a lo que se dice en inglés para el mundo, sino a lo que se dice en árabe para sus bases.

En un momento de crisis -recordemos que el príncipe Mohammed Bin Salman declaró hace apenas un mes que los israelíes “tienen derecho a tener su propia tierra”- el líder palestino, como otros tantos antes que él, ha optado por recurrir al antisemitismo.