Como ha informado El Imparcial, Estados Unidos y China, los dos colosos de la economía mundial, han comenzado negociaciones para eludir la larvada guerra comercial. Y, aunque los portavoces de ambas delegaciones han declarado que no hay acuerdos concluyentes, han acordado emprender una relación estable y sólida comprometiéndose a resolver sus problemas a través del diálogo.
En el documento estadounidense, Trump exige una reducción del déficit que mantiene con China que asciende a 200.000 millones de dólares de aquí a 2020. La Casa Blanca pretende acometer el descenso de la cifra récord de 375.000 millones que alcanzó su balanza de pagos con Pekín en 2017. Pero en este punto, como era previsible, no hubo ni proximidad en las conversaciones.
También amenazó Wasington con imponer aranceles a China para compensar su pérdida de tecnología y de propiedad intelectual. E instó el régimen gobernado por Xi Jinping a comprometerse a no responder con medidas adicionales si finalmente se imponen estas tasas. Asimismo, se hizo un llamamiento para que desde el país asiático se deje de entregar subsidios que "distorsionan el mercado" y que fomentan el exceso de capacidad en algunos sectores. La iniciativa del Ejecutivo chino, que pretende reorientar su industria hacia sectores de alta tecnología, es la gran preocupación norteamericana.
Este apartado es interpretado por Trump como clave, ya que podría permitir a China liderar la revolución tecnológica y adelantar a EE.UU. como patrón económico internacional. Pekín vio estas propuestas como "injustas", ya que en los últimos meses han realizado maniobras aperturistas de sus mercados (sector financiero y automovilístico), y ha insistido en que aumentará la protección de los derechos de propiedad intelectual.
Sin duda, no va a resultar sencillo que los dos imperios comerciales del mundo lleguen pronto a acuerdos concretos. El espectacular crecimiento económico de China preocupa a los Estados Unidos que ven amenazado su liderazgo. Pero precisamente por ello, Washington no puede imponer condiciones imposibles a Pekín. Pues si el coloso oriental no obtiene contrapartidas, la negociación resultará imposible. Las negociaciones, además, trascienden lo meramente económico.
De momento, las buenas relaciones políticas entre ambos países han facilitado la decisión de Corea del Norte de cesar en sus ensayos nucleares e interrumpir las hostilidades con su vecino del sur. Ahora, convendría que los dos grandes países acercaran sus posturas para resolver el conflicto sirio, cada día más encallado. Estados Unidos y China están obligados a entenderse. Los dos grandes imperios saldrían ganando; el resto del mundo, también.