Quim Torra, un independentista radical, activista del ala más dura, autor de tuits xenófobos e insultantes contra España, ha sido finalmente el señalado por el dedazo del ex presidente de la Generalidad para ponerse “provisionalmente” al frente del gobierno catalán. Puigdemont pretende seguir marcando el paso de los separatistas desde Berlín a través de este títere que presumiblemente será investido la próxima semana.
El prófugo, al final, ha tenido que ceder a su pretensión de ser investido a distancia. Roger Torrent, como el resto de diputados de ERC y PdCat, se ha negado a desobedecer al Tribunal Constitucional para evitar ser imputado. Como contrapartida, Puigdemont ha elegido a una marioneta con la pretensión de que le guarde el puesto “provisionalmente”; incluso, le ha prohibido usar el despacho del president.
Quim Torra sabe que el Gobierno levantará el 155 cuando forme Gobierno. Pero es consciente también de que sus decisiones serán analizadas con lupa por el entero Estado de Derecho. Seguro, que en su primer discurso reivindicará la libertad de los “presos políticos”, atacará la “opresión” del Estado y defenderá la República independiente de Cataluña. No ocultará su secesionismo radical. La libertad de expresión le ampara.
Es de esperar, sin embargo que por mucho que le presione Puigdemont, sus decisiones políticas no vulneren las leyes y no pretenda saltarse la Constitución a la primera de cambio. Pues, de lo contrario, él y su Gobierno tienen los días contados y, de nuevo, el 155 desmantelará la Generalidad. No es fácil prever qué camino tomará el sectario ex presidente de Ómnium Cultural. Con su perfil talibán no hay que descartar que se deje manipular desde Berlín y se arriesgue a ser imputado. Ése va a ser el nuevo escenario de la política catalana. El futuro president va a gobernar en el filo de la navaja. Va a tener que hacer equilibrios circenses para contentar a Puigdemont sin saltarse la ley. Pero, si quiere mantener el Gobierno de la Generalidad, tendrá que “matar al padre” cuanto antes.