Argentina ha abierto las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, con el propósito de recibir la ayuda necesaria para afrontar las crecientes dificultades financieras, asociadas con la suba de la tasa de interés en los Estados Unidos y las presiones del mercado para devaluar la moneda local, es decir el peso. Acudir al FMI no es ninguna novedad en Argentina, si bien el país había cancelado todas sus deudas con esta institución multilateral en los primeros años de este siglo. Se concretaran en las próximas semanas las negociaciones requeridas entre el gobierno argentino y el FMI para definir los alcances y condicionalidades de la ayuda financiera solicitada. Estas negociaciones no podrán dejar de tener en cuenta el panorama económico y social, caracterizado por un escaso crecimiento productivo que ha impulsado el gran crecimiento de la pobreza en los últimos años, y se ha convertido en un fenómeno grave ya que la gran mayoría de la gente pobre hoy son en Argentina verdaderos excluidos sociales. En 1983 se restauro la democracia en Argentina, pasaron desde entonces 34 años de los cuales podemos señalar, los siguientes retrocesos, tanto en el orden social como en el económico:
La tarea que hoy enfrentamos todos los argentinos es muy grande, ya que es hora de comenzar a dejar atrás las estériles rencillas sobre el pasado y ponerse de acuerdo sobre el porvenir. Sin una nueva grandeza política, tanto por parte del oficialismo como de las fuerzas opositoras, que permita prestar atención al futuro será muy difícil retomar el perdido sendero del crecimiento económico y social. Un acuerdo con el FMI no será una solución mágica, ya que la tarea a encarar no es nada fácil. Es hora que los líderes políticos, tanto del oficialismo como de la oposición miren más hacia el futuro, ya que no tenemos otra alternativa.