Las finales de la Conferencia Oeste ya han presentado las mejores y peores versiones de los dos comparecientes. En el primer partido, en el que los Warriors robaron el factor cancha, los californianos lucieron compromiso, ritmo y fluidez para asaltar el Toyota Center. Y en el segundo duelo, disputado en la pasada madrugada, los Rockets se desquitaron llevando al límite a los vigentes campeones y terminando por firmar una paliza que puso de relieve lo imparable de la apuesta de Mike D'Antoni cuando todas sus piezas están engrasadas en las dos fases del juego.
Chris Paul, que acabó tocado, sintetizó la diferencia entre el encuentro que inauguró la serie y el que la empató a uno, antes de viajar al Oracle Arena. "Realmente no hubo ningún cambio especial con relación al primer partido que perdidos por 106-119. Lo que si sucedió fue que jugamos más duro, pero nuestra química y entendimiento como equipo fue el mismo", defendió el base antes de recalcar que la diferencia estuvo en la manera agresiva con que jugamos y lo bien que hicimos los intercambios a la hora de hacer los marcajes a los mejores tiradores de los Warriors".
"Era el triunfo que necesitábamos y lo conseguimos", apuntó antes de publicar que su vestuario interpretó el 127-105 como el camino a seguir. Porque, en efecto, poco se pudo ver en el primer partido de la competitividad sin pelota y el tino coral que ha caraterizado a los tejanos en su trasncurso por la temporada regular hasta hacer cima como el mejor equipo de la NBA. Este jueves la tribuna sí comprobó que la esencia espectacular y esforzada de los suyos estaba vigente. No pudieron hacer lo mismo los aficionados de la bahía de San Francisco.
Eric Gordon y P.J. Tucker retrataron el factor clave. Ambos apretaron en repliegue y afilaron en ataque, confeccionando los cimientos del despliegue hiperbólico de titulares y suplentes que abrasó la cierta indolencia de unos jugadores de Golden State que parecían satisfechos con haber hurtado la ventaja de campo. El escolta candidato a Mejor Sexto Hombre llegó a los 27 puntos, con 6 de 9 en triples (algunos de ellos cruciales para romper el enfrentamiento), mientras que el todoterreno destapó su anotación e impuso su anatomía y entrega. Tucker acabó con 22 puntos y la sensación de haber copado cada centímetro de la cancha.
James Harden, por su parte, no gozó de su mejor noche. Aún así, el candidato número uno a MVP firmó una tarjeta de 27 puntos (3 de 15 en triples), 10 rebotes defensivos y 3 asistencias. En ayuda del astro barbudo emergieron, al fin, secundarios como Paul (16 puntos, 6 asistencias, 4 rebotes y 3 robos), Trevor Ariza (19 puntos, con defensa sublime al perímetro ajeno) y Clint Capela (5 puntos y 10 rebotes). Del sudor del colectivo brotaron las mejores sensaciones posibles y la confianza que les faltaron en el combate precedente.
En la trinchera dirigida por Steve Kerr únicamente Kevin Durant estuvo a la altura. El MVP de las pasadas Finales ejecutó 38 puntos -había logrado 37 en el primer partido- y fue el ancla que sostuvo a sus compañeros hasta que la evidente distancia de revoluciones y acierto decidió el segundo punto de la eliminatoria. Klay Thompson fue amarrado (tiró cuatro triples, por los 15 del primer envite) y Steph Curry naufragó. El base revolucionario pereció desde la línea de tres y se tuvo que buscar la vida en penetraciones. Entre los dos acumularon 24 puntos (por los 46 puntos que juntaron en la inauguración del cruce).
El desarrollo del minutaje no esperó para desnudar el clinic y catarsis de los tejanos. Los Rockets, con Ariza como inesperado jefe en la pista (15 puntos, 4 rebotes, 3 asistencias y 2 robos al descanso, con 6 de 7 en tiros de campo), llegaron al final del segundo cuarto con 14 puntos de ventaja (64-50) y tres jugadores en dobles dígitos. Siempre como patrones del tempo y del mandato en el electrónico. Las pérdidas se multiplicaron en unos Warriors que daban síntomas de falta de concentración.
Y el tercer cuarto, esa atalaya desde la que el ganador de dos anillos en los últimos tres años acostumbra a derrotar a sus rivales, finalizó con un parcial de 31-29 en favor de los locales. La defensa de los de Houston apagó el incendio pretendido por los de Kerr y sólo una ignición de Durant les mantuvo en dinámica (dos triples y dos puntos desde la personal del anotador dejaron la herida en 10 puntos). Los amarillos todavía llegarían a igualar algo el marcador antes del cuarto postrero, pero Gordon y Paul devolvieron los 17 puntos de colchón que matizó un Nick Young en crecimiento.
Finalmente, dos triples de Grdon y Tucker y una canasta de Harden dieron carpetazo al partido con menos de ocho minutos por jugarse (108-89). Los Warriors no supieron cómo reaccionar y cedieron más de 30 puntos en tres cuartos, una losa imposible de gestionar a este nivel. Tampoco ayudaron sus 15 pérdidas."No iniciamos bien el partido y aunque al concluir el primer cuarto estábamos sólo cinco puntos abajo en el marcador, luego ellos mantuvieron su consistencia y nos superaron con tiros muy buenos como los que logró PJ Tucker desde las esquinas y las penetraciones de Trevor Ariza", declaró 'Durantula'. El alero llamó a analizar lo acontecido y no dormirse en la ventaja lograda en el primer partido. Debían llegar al tercer duelo con otra mentalidad.
"La verdad es que al final termine algo frustrado porque no salieron las cosas como queríamos y hay que darles crédito a los Rockets que hicieron algunos ajustes que les resultaron por la manera como ejecutaron en el campo. Estuvimos lentos en las rotaciones de los marcajes a los jugadores claves de los Rockets y esto también se notó", expuso un Curry desconocido, mermado como amenaza. "Aunque los Rockets salieron a jugar con mayor presión y agresividad, la verdad es que algunas de las perdidas de balón que tuvimos fueron sin forzar y por lo tanto es nuestro fallo y responsabilidad", zanjó antes de aclarar que no entran en "pánico".