Después de casi 30 años de turbio mandato de Ángel María Villar, este jueves Luis Manuel Rubiales se ha convertido en el nuevo presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF) al obtener mayoría absoluta en la primera votación de la Asamblea General, en la que se impuso al otro candidato, Juan Luis Larrea. Ochenta votos para Rubiales, 56 para Larrea y un único voto en blanco refrendaron la confianza de la Asamblea en el expresidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), cargo que abandonó el pasado noviembre para optar a convertirse en el máximo responsable federativo.
En su primer discurso como presidente de la RFEF, Rubiales ya ha marcado sus primeros objetivos: encargar una auditoría de los escandalosos y opacos gastos del mandato anterior, promover el fútbol femenino, el fútbol sala y destituir al frente del arbitraje a Sánchez Arminio tras los innumerables escándalos protagonizados por los jueces de campo y, en especial, por los injustos criterios aplicados para su designación. El llamado” villarato” ha terminado.
También ha sido elogiada la decisión del nuevo presidente de mantener a Julen Lopetegui como entrenador de la selección y a Fernando Hierro como director deportivo. Pero el verdadero reto de Rubiales se centra en cambiar la imagen de la Federación después de que algunos dirigentes del mandato anterior tuvieran que comparecer ante la Justicia por presunta corrupción, e incluso algunos, como el expresidente Villar, fueran encarcelados. No le va a resultar fácil levantar las alfombras tras treinta años de autarquía y turbias sospechas de corrupción. Son muchos los intereses partidistas e ingentes cantidades de dinero que mueve el fútbol profesional. Pero el nuevo presidente ya ha prometido que la Federación se va a basar en la transparencia. Al menos, el nefasto “villarato” ha terminado.