Opinión

El pisito

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 23 de mayo de 2018

Permitan un elogio. Mi admirado y buen amigo Casarrubios, maestro en protocolos de toda suerte, inventor de la escritura pública y fabricante de chistes del mejor paño, acostumbra a decir que lo de la risa es una cosa muy seria. Dicho esto, a modo de garboso paseíllo, extraigo de la pinacoteca de nuestro cine aquella famosa película de “El pisito”. Obra de Rafael Azcona y dirigida por el cineasta italiano Marco Ferreri, este film de 1959 nos enseña que a pesar del tiempo transcurrido la repercusión del tema central sigue vigente. Comprar un piso y convertirse en propietarios, algo de lo más tradicional, a veces tiene poca gracia. Es como tener una soga al cuello casi de por vida. De ahí la teoría de mi querido amigo con lo de la risa bien administrada.

Lo descarnado del asunto es que afecta a la gran mayoría. Excepciones las hay, faltaría más. El ser humano no es que caiga y rebote, es que la cosa inmobiliaria es una tragicomedia con tintes de humor negro para la cantidad de jóvenes y menos jóvenes con planes de futuro. Ya saben, esa fea costumbre en pretender trabajar y encima que a uno le paguen por ello. En las últimas décadas ha habido intentos de solucionar el problema, de hecho se han creado puestos de trabajo con salarios virtuales, es decir, muchas horas de faena y unas nóminas de repugnante miseria.

Pero no todo es tan oscuro. Uno recibe la buena nueva de los brotes verdes cuando Pablo e Irene, o viceversa, que tanto monta, monta tanto, según dicen se han comprado un chalé made in casta. Me alegro por ellos. Representan el arquetipo de pareja joven, ilusionados y con cigüeña de dos plazas camino del futuro nido en la Sierra de Guadarrama. Pues me alegro, repito, porque si a la cigüeña vieres, brotes verdes para ti quisieres (perdón por la rechifla). Hoy en día el hipotecarse en 540.000 euros es una bagatela. “Cualquiera lo puede hacer”, según el señor Echenique, que ha salido al paso de las tribulaciones. El mencionado secretario de Organización de Podemos, ha llamado “reaccionarios” a los miles de españoles que han criticado a Pablo Iglesias y a Irene Montero por gastarse 660.000 euros en un chalé de lujo.

La pareja de enamorados tiene todo el derecho del mundo a convertir sus sueños en realidad, pero a mí lo que en verdad me preocupa de todo esto es lo otro. La envidia cochina. Es muy mala porque los ejemplos de los de arriba pronto llegan a los de abajo y aquí es donde se cuecen los contubernios. Es una simple cuestión de postulados. Las bases igual se inflan que se desinflan y comienzan los agravios comparativos. Por eso esta pareja no lo va a tener fácil, y no lo digo por los 1.600 euros mensuales de hipoteca que deberán amortizar, allá ellos y también nosotros los contribuyentes, sino porque dentro de su propia formación política habrá quienes vean en todo esto algo más que un proyecto familiar al uso. Más bien una metamorfosis vírica procedente de la casta profunda.

De momento el alcalde de Cádiz, José María González, 'Kichi', no ha dudado en ponerle música al asunto. “El código ético de Podemos se basa en el compromiso de vivir como la gente corriente para poder representarla en las instituciones”. Lo que sucede es que lo de ser gente corriente es algo muy personal.

De ahí que les recomiende la película “El pisito” Al final, y después de 59 años transcurridos, las mismas capas sociales e idénticas ideologías. Sueldos muy bajos para el coste de la vida. Sin apenas posibilidades de desarrollo personal y profesional. Conformismo laboral o lo que es igual, la ley del embudo y una dosis de pasmosa hipocresía sobre como eliminar la propiedad privada en perjuicio de unos y en beneficio de otros, son los argumentos que guardan costumbre. En fin, no es por quitarles a muchos de ustedes la ilusión por invertir en algún inmueble de 660.000 euros, que no es eso. Es por desearles lo mejor durante los 70 u 80 años de hipoteca incierta que les espera. La única ventaja es que las expectativas de vida son cada vez mayores. A juicio de los expertos, que a buen seguro serán todos ellos banqueros, llegaremos a los 130 o 140 años más frescos que una lechuga.

Miren ustedes que se compran y se venden chalés a diario, pero este de Pablo e Irene tiene unas calidades diferentes, tanto que incluso ciertas facciones de Podemos se han venido arriba en plebiscito, no sé muy bien si para convertir el chalé en una especie de casa rural a disposición de todos los afiliados del partido, supongo que para estancias familiares mediante riguroso sorteo, o en su defecto poner a prueba la legalidad ideológica de los flamantes nuevos propietarios. Conflicto que a un servidor le tiene en vilo, tanto que para este laudo sugiero la intervención de un observador capacitado. Me inclino por el señor Zapatero que tras su actuación en Venezuela ha sido recibido por el Papa, nada menos que en audiencia privada. Este hombre está en racha y hay que aprovecharla.

Con permiso de ustedes vuelvo con mi amigo Casarrubios y su humor de alta gama, que no solo reconforta el karma, sino que también resulta contagioso. Muy parecido a lo que ocurre con la casta. Y es que todo se pega, menos la hermosura.