Opinión

Las incongruencias electorales

LETRAS DESDE MÉXICO

Rafael Cardona | Viernes 25 de mayo de 2018

La crónica debilidad internacional de México (en América es un apéndice incómodo de Estados Unidos; en el mundo una economía del subdesarrollo, apenas una oportunidad disponible), ayudó a construir un sistema diplomático defensivo con base en valores inatacables, como la solución pacífica de las controversias y la no intervención en asuntos internos.

Someter a la calificación externa la calidad moral del gobierno en turno (ahora ya es una idea de uso frecuente), nos colocaba en una circunstancia final de tutelaje e intervencionismo, como le sucedió a Venustiano Carranza cuando la orgullosa soberanía nacional bajó la vista como virgen violada (por ejemplo), mientras Pershing marchaba con más de 10 mil soldados por el territorio nacional en busca de Francisco Villa. El reconocimiento americano (y la venta de armas), exigía, a cambio, eso y más.

Para evitar eso Don Genaro Estrada, a quien bajaron de su pedestal precisamente los seguidores del sistema gringo, especialmente Jorge Castañeda, cuando fue canciller del ignorante Vicente Fox, prefirió imponer como tesis: antes de calificar elecciones o reconocer gobiernos, México tiene suficiente capacidad soberana, para sostener o no relaciones diplomáticas con ellos.

Hoy los mexicanos nos entrometemos en los asuntos electorales de otro país y como si fuéramos la Janine Otálora, de América (presidenta del TEPJF) descalificamos el proceso electoral venezolano al cual titulamos, farsa mayor. Y debe serlo, nadie lo duda. ..

“… (Crónica).- Ayer, un día después de unas elecciones a las que no hizo caso más de la mitad de los venezolanos censados, seis países del G-20 y el Grupo de Lima, que conjunta a las principales naciones latinoamericanas y a Canadá, confirmó que desconocía los resultados por no cumplir con los “estándares internacionales”, y decidió “reducir al mínimo el nivel de sus relaciones diplomáticas” con Venezuela.

“Los integrantes del grupo —Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía—, detallaron que “llamarán a consultas a los embajadores en Caracas y convocarán a los embajadores de Venezuela para expresar” su protesta por un proceso electoral que tacharon de “farsa”.

La pregunta ahora es si nos debe importar aquella situación fraudulenta a todas luces, en vez de abrir los ojos y remediar de alguna manera nuestro propio camino, en el cual ya hay deserciones masivas de potenciales candidatos, por miedo a la violencia y casi mil personas asesinadas en crímenes relacionados con dicha circunstancia.

Para limpieza electoral, nosotros, les podemos decir a los discípulos de ese orangután llamado Nicolás Maduro.

Pero en el colmo de la incongruencia descalificamos el circo de Nicolás Maduro y aplaudimos como pinnípedos las elecciones recientes en Cuba, cuyo método es muy parecido al de Caracas.

Una elección sin opciones, como la cubana, mediante un método dirigido, interno y burocrático, en el cual nadie participa en serio, nos merece respeto y aplauso, mientras (empujados por la correcta OEA, de la cual Cuba no forma parte) no sumamos al coro condenatorio de la mojiganga venezolana.

Uno se puede preguntar su todos están coludos o todos están trabones.