Opinión

¿Acaso os pensáis que somos imbéciles?

TRIBUNA

Emilio Arnao | Domingo 27 de mayo de 2018

¡Españoles¡ ¡El PP ha muerto¡ Se abre el mercado: ¡se venden naranjas¡ ¡naranjas de Voltaire o de Stuart Mill¡, ¡Llega el liberal socialismo¡ España comienza una nueva transición aceitunada por el nacionalismo ibérico y por ese color anaranjado que inserta optimismo y burbujas Freixenet. Soooo… ¡detente, asno¡ ¿Adónde vas tan deprisa si el cambio político no es más que un sesión porno de bestialismo? ¿Qué sabrá un burro de caramelos?, decía aquél. Porque pasa que Albert Rivera, que es un producto de marketing y pare usted de pensar, le dice a Begoña Villacís: “Quiéreme mucho, como quiere la burra a su burrucho”. De Ciutatans a C’s patrios. Y el Teatro Tívoli y ese Arcadi Espada y su maravilloso articulismo. Hay que joderse qué rápido se pasa del centro-izquierda al centro-derecha. Todo por una piñata de votos, no se vaya usted a pensar. “Burro mal esquilao, a los cuatro días emparejao”, decía el otro. Y es que la culpa de todo la tiene Santo Tomás de Aquino y su iusnaturalismo. Y yo, que sólo me he leído en los tebeos de Mafalda el liberalismo moderno, ahora pienso: ¿acaso estos chiquitines y estas chiquitinas nos han tomado por imbéciles?

Pero si están buscando por ahí gente, pueblo, ciudadanos para llenar ya las listas electorales porque es que sucede que no tienen gente preparada, que están ya haciendo cursillos acelerados para que a los ingenuos réprobos españoles se les asesore en comunicación política y en licenciatura de Tauromaquia, ya saben ustedes, cómo gestualizar, hablar en público, pasarse la res por el paquete, todo eso. Estos libérrimos socioliberales nacidos de la urticaria del economicismo de Oxford y Cambridge es que, en su afán de una España unida y autonomista -se pasan por el forro el pluralismo cultural e idiomático y los diversos nacionalismos históricos- quieren que el último pueblo de Teruel sea igual de español e importante y se vendan en él los mismos burros que en el Paseo de la Castellana de Madrid. Ay, señor, y uno que confiaba en que Azaña regresara al Congreso. Nada. Imposible. La mediocridad política otra vez. Y yo que me había alegrado de ver el cadáver exquisito del Partido Popular expuesto en la sala de lo penal de la Audiencia Nacional. No hay manera. Prosigue esta asnomanía tan hispana y característica desde que los romanos se dieron cuenta que desde Covadonga hasta el estuario del río Guadalete sólo había conejos y nada más que conejos.

Ya nos advirtió Machado -don Antonio- que “algunos desesperados sólo se curan con una soga; otros, con siete palabras: la fe se ha puesto de moda”. Y la moda, como en la Francia macroniana, ahora es la perversa derechización de este burlesco y hemipléjico trasvase que es C’s, con sus titiriteros cides campeadores con sus nombres y apellidos: ahí está Villegas, concurso de billar americano, Fernando de Páramo, empresario de botijos, Girauta, portavoz a lo castrati, Luis Garicano, que es el que va para ministro de Economía para hacernos una Opa con las hamburguesas de la Universidad de Chicago, Toni Cantó, actriz rosácea, Carrizosa, que es que, lo siento, pero siendo tan feíllo no se puede ser ministro de España, Javier Nart, que lo tienen por ahí de abuelete por Europa después de las mil guerras como espía por ver si adivina dónde cojones está Puigdemont, y ya paro de contar porque es que no se puede tener a estos ideólogos tan pobretones de ubérrimas mentes para levantar España a la manera de cómo lo quiso hacer José Antonio el primo de Rivera. ¡Se venden naranjas¡ ¡Elecciones generales mejor que moción de censura¡ ¡Naranjas de Voltaire¡ Y mi princesa Inés, la princesa está triste… el jardín puebla el triunfo de los pavos reales, parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.