El Congreso de los Diputados cada día se parece más a una lonja de pescado. Los partidos sacan a subasta sus mociones de censura y el resto se dedica a la puja. Primero, Pedro Sánchez propuso instalarse en La Moncloa con sus raquíticos 84 diputados, pero de la mano de Podemos y los separatistas. El desbloqueo del Gobierno de la Generalidad es un claro gesto de complicidad de Torra al secretario general del PSOE. A saber a cambio de qué.
Albert Rivera no quiso quedarse fuera de juego y puso sobre la mesa una moción de censura impresentable, pues le faltan tres escaños para poder registrarla. Rectificó enseguida y se ofreció a apoyar la del PSOE con la condición de que se convocaran inmediatamente elecciones con la investidura de un candidato independiente. Hoy se le ha ocurrido que bien pudieran ser Solana, Jaúregui o cualquier otro. Qué más da. Pues a lo único que aspira el líder de Ciudadanos es a lo mismo: instalarse en La Moncloa cuanto antes. Antes de que la euforia demoscópica que le acompaña pueda desvanecerse.
Y no podía faltar Pablo Iglesias, el perejil de todas las salsas, que ya ha propuesto otra moción de censura calcada a la de Ciudadanos por si la de Pedro Sánchez no sale adelante. De este modo, el líder de Podemos recuperaría el protagonismo perdido y presionaría al PSOE y a Ciudadanos. Pues los tres partidos coinciden en lo fundamental: hay que echar a Rajoy.
Mientras el zoco político intercambia escaños, mientras los líderes comienzan sin disimulo sus mítines ante la campaña (o campañas) electorales que se avecinan, mientras el Parlamento abandona su misión de ocuparse de los intereses de los ciudadanos, ocurre todo lo contrario: los mercados se hunden, la Bolsa se desmorona y la prima de riesgo se dispara. La incertidumbre política provocada por las maniobras orquestales de los dirigentes políticos está dañando gravemente la recuperación económica.
Una recuperación económica que se haría añicos definitivamente, en el caso de que al final Pedro Sánchez sea investido presidente del Gobierno con el apoyo de Pablo Iglesias, Quim Torra, Rufián y los proetarras de Bildu. Por lo que parece todo está en manos del PNV, que aspira a que el candidato del PSOE, además de amarrar los millones que ya le ha regalado Rajoy, se preste a negociar una reforma territorial. O lo que es lo mismo: que ponga alfombra roja a la autodeterminación del País Vasco. De momento Quim Torra, al que Pedro Sánchez llamó racista, ahora parece estar satisfecho con las negociaciones con el candidato socialista. A saber a cambio de qué.