Estoy preocupado porque veo cosas extrañas. Ayer mismo en el Congreso de los Diputados no estaba la pareja de leones. En su lugar he visto a dos buitres quebrantahuesos. A diferencia de los dos felinos, que miraban cada cual a un destino ideológico diferente, ambas rapaces lo hacen en una idéntica y sola dirección. La Moncloa.
Les prometo que vi a los buitres aletear encima de su pedestal, que es tanto como estar con el motor en marcha. Dicen los expertos que estas aves gozan de un campo visual de varios kilómetros, de manera que la distancia entre el Congreso y el Palacio de la Moncloa, o lo que es igual, entre las bancadas y la silla curul de la residencia presidencial es de apenas 7,7 kms. Perfecto para dar el salto, tomar a su presa y arrebatarle las ansiadas llaves del palacete.
Di por buena mi extraña visión porque Daoíz y Velarde llevaban más de 145 años al servicio de sus Señorías. Los años no perdonan –pensé para mí. Pero aquello no fue todo. En ocasiones oigo voces. No sabría precisar si referidas a moción o quizás a emoción, aunque para el caso de algunos esto viene a ser la misma cosa. También veo las sombras de un tal Mariano. Algunas veces se acompañan de psicofonías con acento gallego. Hablan de economía y primas de riesgo. Luego, el silencio prolongado tan habitual en él.
Entre estas extrañas visiones vi como la puerta principal del Congreso estaba entreabierta. Como buen español no dudé en entrar, no en vano también es mi casa. Por allí no había nadie, aunque ciertas voces de fondo se dejaban querer.– ¡Okupas! , fue lo primero que pensé-. Pero no, era Ana Pastor, la presidenta del Congreso, mostrando su enfado con sus Señorías. “Esto es una vergüenza” en clara alusión al desorden del hemiciclo. Creo que llevaba razón, pues Diputados y Diputadas comían el bollycao en pleno salón de sesiones sin reparar en posturas ni gestos. Otros hacían sudokus, otras crujían manzanas Golden y había quienes incluso tiraban de táper para dar cuenta de un filete empanado. Lo más parecido a una pradera campestre.
-¡Quieto todo el mundo! –acertó a decir un aparecido y en buena hora porque se hizo la calma, incluso más de uno salió corriendo en dirección al WC. Ana Pastor agradeció el gesto de aquél ocurrente espontáneo.
-Señorías, lo que aquí se apruebe tiene los días contados, -soltó un diputado. – ¡Nosotros queremos elecciones anticipadas! –gritaron unos. -¡Nosotros moción y emoción! –dijeron otros. Hubo quien propuso pulsar el botón rojo de la Moncloa y mandar todo al carajo. Silencio, toma la palabra el presidente del Gobierno: “Sigo diciendo que el tiempo lo arregla todo y que lo mejor es no hacer nada” Se levanta la sesión.
Antes de salir me cruzo con un tal Gürtel. Una enorme sombra vestida de negro riguroso portando una descomunal guadaña. Se dirige a la bancada azul del hemiciclo.Es momento de salir de allí cuanto antes. Ya en la calle observo como los dos buitres se frotan las alas. Sonríen al estilo Cruella de Vil. Es obvio que algo traman.
Todo esto es como aquella caja de bombones que nunca sabes lo que te va a tocar, a decir de Forrest Gump. Pues eso es la política de hoy en día. Las cosas y los seres extraños se suceden. Veo urnas vacías en medio de un gran círculo formado por el aquelarre de las mociones de censura. Algarabía de Pedro Sánchez que no calma su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna. El ave Fénix vuelve como símbolo de otra de esas alianzas tan peligrosas como llenas de ego.
Veo cosas muy extrañas. Fuerzas separatistas que se alían con Pedro, con Pablo e incluso con el mismísimo Sacamantecas. Me preocupa este país y mucho. No se lo van ustedes a creer, pero aquí a nada de tiempo los buitres serán más y entre todos la mataron y ella sola se murió. Me refiero a esta España nuestra. De momento, si yotengo que seguir viendo cosas extrañas, elijo sensatez de urnas.