Opinión

Ha muerto Mª Dolores Pradera

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 31 de mayo de 2018

“Tengo un amor en La Habana y el otro en Andalucía…” es la frase que bien describe el tornavuelta entre dos continentes, que delineó a esta magnífica actriz y cantante, María Dolores Pradera, que ha fallecido a los 93 años, en pleno mayo en su natal Madrid, urbe que se engalana siempre en ese mes. Así las cosas. Echaré de menos su interpretación magnífica de Habaneras de Cádiz, compuesta por Antonio Burgos ( https://www.youtube.com/watch?v=0yPvM4R5xkc ), quintaesencia de un sentir presente en ambos hemisferios de la cultura iberoamericana y que supo expresar formidable con su característica vocalización.

Echaremos de menos su voz ronca, ¿grave?, reconocible, pausada, con sentimiento, dramática cuando tocaba y festiva cuando lo merecía. Su porte inconfundible, espigado, muy señora, elegante, derrochando el don del saber estar acompañando su inconmensurable amor manifiesto, demostrado, por la música de la América hispana, a la que ribeteaba salpicándola con acordes españoles. El idioma español ha perdido una gran voz que supo conjugar muy atinadamente, ritmos y sensaciones pasionales de ambos mundos, diferentes y compartidas a la vez.

Ella, la que cantó la música de la América hispana, del Río Grande a la Tierra del Fuego. América pierde también un heraldo en España, no le quede a usted la menor duda, amigo lector en ambos hemisferios. Ella, que abrió brecha hacia el Nuevo Mundo, a tantas voces españolas que arraigaron en el gusto de los iberoamericanos, que las justipreciamos como a ella.

Aquí en ultramar la teníamos muy bien identificada, pero desde luego que se trataba ya de un gusto generacional. Un repertorio de canciones rancheras las interpretó con esa temperamentalidad suya, que supo captar la correspondiente actitud y tesitura propias de la mujer cantando el género vernáculo. Impecable. Con esa entrega profunda con que dotaba a cada pieza. El género ranchero, tan emblemático de México, pierde también una voz de órdago. Y de cuanto género mexicano haya interpretado.

Nadie como ella para unir España y América en su voz. Y mire que hay de dónde escoger de ida y vuelta cruzando el Charco, con la formidable oportunidad de compartir una lengua común que la madrileña de origen e iberoamericana de adopción supo tramar como nadie.

Sus interpretaciones me evocan la casa de mi abuela materna y a mis tíos disfrutando su canto. El cierto dramatismo de su voz sin impostarla, sin hacer la bravata fatua ni el colérico requiebre, sino dotándola de una majestad que como pocas, alcanzaba en melódicas expresiones siempre armosiosas, es un estilo que recuerdo bien. Ese canatr casi conversando. Arte puro. Es que la Pradera siempre estuvo allí. Garbosa, estilosa con la voz y la percha, una dama de fina estampa como lo fue además, que lució su arte. Parecía incombustible. De una sencillez tan distinguida, siempre, lo tengo muy grabado.

Por El Imparcial de Madrid me he enterado de su deceso. “La gran dama de la canción” intituló el triste despacho que lo anunciaba. Yo concuerdo plenamente. Su fructifera carrera avala su aprecio por ambas orillas del Charco. Me han gustado las palabras del tuit emitido por la Casa Real: "Nos queda el recuerdo de María Dolores Pradera, enamorada de la música iberoamericana, puente entre culturas, una vida dedicada a los escenarios". 70 años. Casi nada. Concluyo para ser breve, como estoy cierto que le habría encantado: Te echaremos de menos mujer de fina estampa. Recibe un homenaje desde esta, tú América, que siempre te acogió con los brazos abiertos. Ahora podrás ir más fácil entre La Habana y Andalucía. Hasta siempre, María Dolores.