Lo decíamos ayer en esta misma tribuna pero la frase, por escribirla en Arahy (Alcalá, 58) me salió doblada (debía andar por debajo de la mesa Joan Tardá, subiéndose las gafas y buscando un melón que le se le había caído al suelo). Repito ahora la buena, antes del temblor: “El separatismo es lo viejuno y la izquierda nacional lo moderno” (vayan en busca de los libros ayer citados, firmados por Roca Barea, Iván Vélez, Santiago Armesilla, Ismael Carvallo y Pedro Insúa).
Este gobierno de aluvión, esta sorpresa inmediata, esconde un diana donde han caído todos los dardos: Albert Rivera. Este chico es el que ha puesto en danza a Pedro Sánchez y su baile montaraz, así tan a lo loco y chapucero, con PODEMOS e independentistas de largo cuchillo afilado entre los dientes. La ruptura es clara, más después de haberles llamado Albert Rivera “gobierno zombi y Frankenstein”. Dentro de una izquierda nacional –sigo con lo mío- podría haberse conectado con CIUDADANOS, cuyos afiliados desde el ciclón Arrimadas van en aumento, recogiendo más y más de los desengañados de las cremas del súper del PP, algo intolerable para muchos esto de robar como pobres o a manos llenas, ya lo contamos también por lo menudo, muchos días atrás, sin dormir la mona.
Algo muy picante: Rivera quería a Alfonso Guerra como mediador, y eso desestabilizó a Sánchez, y enseguida le dio a todos los botones (poco más y llega a Washington). ¿Guerra? La lucha sigue con los “susanistas” como para resucitar al Cid y que comience a cabalgar de nuevo y terminen de partir el pastel. El PP quería cercar a Rivera –es obvio: uno crece de lo que el otro supura por la herida; jamás podían contemplar que fuese la alternativa a Rajoy- pero Sánchez se dio pronto cuenta que el PSOE no aumentaba con el deterioro exacto del rival (PP), solo Rivera. Tuvo la pelea hasta un punto macabro, cuando se insinuaba desde el PSOE que Rajoy seguía en Moncloa gracias a CIUDADANOS. Ay, qué risa, María Luisa, para troncharse.
Rivera es peligroso, todos contra Rivera, le llaman ultranacionalista por apoyar el 155 e insultar a Torra, por no querer ver “escabechado” –como dice lord Anson- su país. Troceado como un quesito. Miedo no cerval, sino miedito pequeñito pero que va haciéndose grande, de todos contra Rivera que, en contra de pronósticos y visionarios de pandereta, va fortaleciéndolo, sale todos los días en los medios a página completa, tiene un protagonismo gratuito, ese arte de ser siempre noticiable. Así empezó Felipe: guapo, joven, oratoria sin folios, verbo inflamable. Lo dicen los budistas en posición de loto: “Las aguas remansadas se vuelves transparentes”. Esa cara de buen chico de Albert, por una España unida y no partida como un filete, es tanto derecha como izquierda nacional, y solo va a darle réditos.
La fórmula (saca el bloc, Pepe) es modelo territorial de Estado, “república federal” –otra vez, Anson-, autogobiernos para Euskadi y Cataluña. Rivera, ay, escondía, me temo, algo que no podía permitirse: elecciones en otoño. En principio, sí, por supuesto, elecciones en otoño, pero luego no, claro, ni hablar, a ver si se nos va a acabar el cuento al poco de haber empezado (¡Hasta Nadal, sin raqueta, las pide!). Asistimos a muchos finales pero el más claro parece ser el del bipartidismo: los pequeños son los grandes, realmente, los últimos son los elegidos. Lo lógico, que Rajoy hubiese convocado elecciones y Sánchez retirado su moción, no pudo hacerse. Ahora el PSOE sigue trayendo caras antiguas al baile (Borrell), sin enterarse de que es éste bipartidismo justo el que se rechaza, el que recuerda a tiempos pretéritos, y que hoy la consigna es la misma que la de César Aira en literatura: “Lo nuevo es lo bueno”. La pura realidad: nadie quiere ser ministro, dejar sus cargos privados para, en un tiempo corto, si hay elecciones, verse en la calle y con cara de tonto si es que no salen.
Gobierno de aluvión, mucho miedo a Rivera y aquí los únicos que cambian cromos y se llevan requetebién son Ábalos (PSOE) y Villegas (CIUDADANOS). Vamos con la baza suprema: ¿Y si ahora Aznar y Vargas Llosa comienzan a hacer campaña para CIUDADANOS como trasvase para todas esas hordas de la derecha/light y de la derecha/derechona que se van porque no quieren saber nada con ladrones? Fin inmediato de los dos grandes que igual son uno solo (PPSOE), repetimos, y una tortilla donde Rivera aparte de los suyos igual también lleva algo de la izquierda, del llamado centro/izquierda, de los moderados, porque es el único que gana al recoger del suelo todo lo que les cae a los demás. Vamos con un ejemplo: un funcionario, lo sabemos todos, aunque sea pobre, está más cerca de Rivera que de Iglesias (clase media conservadora, casta en diminuto, quiere paz y barajar para sus ingresos regulares, nada de revoluciones donde le quemen la papelera del despacho y le apaguen el ordenador) puesto a elegir entre los dos extremos (por Sánchez ni pregunta; Guerra y Borrell le suenan a Naranjito del 82). Este muchacho (Albert) es un peligro: ¡Gana siempre!
Federalismo, ay, federalismo es la palabra de moda, el palabrón (“Lo cursi abriga”, decía Ramón) pero para eso hace falta mucho dinero. Para ser unos Estados Unidos, aquí en pequeñito, hacen falta muchas perras, hijos míos, y menos boinas (catalanas o vascas). Qué grandes somos, lo más divertido ahora sería marchar de todo sin pagar, si puede ser borrachos y hablando más alto de la cuenta, para que Europa, por un lado, y los americanos, sí, por el otro, nos digan lo que siempre dicen: “Qué paletos más salaos, parecen muñecos de trapo”. El último al salir, si ventosea o eructa, mucho mejor.