Cultura

Luis Bolívar desaprovecha los toros de Escolar para triunfar

FERIA DE SAN ISIDRO

EL IMPARCIAL/Efe | Martes 05 de junio de 2018
Nueva jornada plana en Las Ventas.

En pleno y polémico debate en las redes sociales -hace ya tiempo que desaparecieron los corrillos de buenos aficionados- sobre la condición de la corrida de Saltillo lidiada el lunes, dos toros de José Escolar salieron este martes a evidenciar algunas de las verdaderas virtudes de ese concreto encaste. Y es que ese lote de toros -reunidos en la misma lámina de papel de fumar a la hora del sorteo- mostraron, aun sin romperse en varas, esa condición inexcusable de la bravura como es la de la entrega, siempre en respuesta a la exigencia del toreo, que, todo hay que decirlo, el torero suramericano Luis Bolívar les aplicó en pocas ocasiones.

Curiosamente, ambos ejemplares -de mayor volumen y alzada el sexto- se entregaron más y mejor cuando embistieron por el pitón izquierdo, por donde obedecieron con mayor profundidad y clase en cuanto los vueltos de la muleta les llevaban enganchados, sometidos y les remataban los viajes a ras de arena. Pero pocas veces lo hizo así un Bolívar desconfiado y afligido ya con el primero, que continuó embistiendo con claridad a pesar de sus dudas y del inconcreto mando de su muleta durante una faena tan escueta como su determinación.

Pareció, por el contrario, que había recobrado el ánimo en el tiempo que medió hasta la salida del sexto, pues a este lo recibió con varias verónicas asentadas y fajándose con el ímpetu inicial del de Escolar, antes de ocuparse personalmente de la lidia durante el tercio de varas. Y una vez que su cuadrilla se lució con las banderillas, estaba ya más que claro que el zurdo era también el lado bueno de este toro, aunque el colombiano le abrió faena por el derecho, por donde se antojó de peor condición, aunque no mala, por una idéntica falta de gobierno en los muletazos.

Ya con la tela en la izquierda tardó también Luis Bolívar en confiarse, hasta que, por fin, en una única tanda, y haciendo un visible esfuerzo por asentarse, le ligó cuatro magníficos naturales en los que se pudo apreciar clamorosamente la auténtica dimensión del buen "escolar". Mas no hubo más. El torero colombiano intentó mantener ese nivel sin conseguirlo, como desfondado, queriendo sin poder asentarse y rematando por alto los pases en una labor que cayó en picado, por mucho que intentara levantarla tirándose entre los pitones para matarlo de una buena estocada. Al final, las palmas al toro en el arrastre fueron mucho más fuertes que las que le dedicaron a él.

Claro que Bolívar no fue el único que se quedó a medias. En un cartel de veteranos lidiadores, curtidos en muchas batallas ante las corridas "duras", se echó en falta mayor decisión y solvencia profesional en toda la terna que se enfrentó a los "albaserradas" abulenses. Con un lote menos claro, pero tampoco excesivamente problemático, el murciano Rafaelillo no llegó a asentarse ni a confiarse en ningún momento, mientras que Fernando Robleño, compuesto y aseado, tardó también más de la cuenta en centrarse con el segundo, más que manejable, y estuvo muy prudente ante la aspereza defensiva del quinto, aunque esta no llegara ni la mitad de la de sus ilidiables "primos" de la polémica corrida del lunes.

Ficha del festejo

Seis toros de José Escolar, salvo el sexto, más voluminoso, todos bien presentados y de finas hechuras, en el tipo del encaste. En cuanto a juego, fue corrida medida de raza dentro de su disparidad, y con dos toros destacados, tercero y sexto, con calidad y profundidad por el pitón izquierdo.

Rafaelillo, de nazareno y oro: tres pinchazos y estocada (silencio); pinchazo, estocada desprendida y descabello (silencio).

Fernando Robleño, de grana y azabache: estocada delantera perpendicular y dos descabellos (ovación tras dos avisos); estocada baja delantera y cuatro descabellos (silencio).

Luis Bolívar, de negro y oro: estocada baja (silencio); estocada y tres descabellos (palmas tras dos avisos).

Entre las cuadrillas, Miguel Martín y Fernando Sánchez saludaron tras banderillear al sexto.

Vigésimo octavo festejo de la feria de San Isidro, con dos tercios de aforo cubiertos (15.528 espectadores, según la empresa), en tarde fresca, nublada y con rachas de viento.

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