La lluvia volvió a atravesarse en la senda de Rafael Nadal en esta edición de Roland Garros en la que busca alzar su undécimo entorchado parisino y, a su vez, ampliar su ventaja como número 1 de la ATP con respecto a Roger Federer. Si en su encuentro ante Bolelli la organización decisión pasar al día siguiente el juego cuando ganada dos sets a cero (y perdía 0-3 en el tercero), este miércoles habrá de aplazar su esfuerzo ante Diego Schwartzman en desventaja.
Porque el argentino salió decidido a demostrar que sus entrenamientos en el centro del manacorí dan resultados y lo consiguió en un primer set que acabó con la aspiración del zurdo legendario de batir el récord de sets consecutivos ganados que posee Bjorn Borg (41). El balear se quedó en 37 mangas vencidas de manera encadenada en la tierra batida francesa ya que Schwartzman fue capaz de rebasar en energía al veterano e imponerse por 6-4.
El 'Peque' ya avisó en la previa de que consideraba que cada vez estaba más cerca de Nadal, y lo certificó, abortando el recorrido de 13 partidos, o lo que es lo mismo tres años o 1.099 días, sin ceder un set en París. Para encontrar una situación semejante hay que remontarse al 3 de junio de 2015. Novak Djokovic, el jugador que salió de este torneo en shock, sin poder prometer si jugará la temporada de hierba ni asegurar su futuro cercano en el tenis, era el último jugador en ganarle una manga a Rafael.
Así, el vencedor en 16 Grand Slams hinzó la rodilla con total justicia. Schwartzman llegó a dominar el devenir en buena parte del tiempo que empleó el duelo antes de ser cercenado por el agua. El argentino rompió tres veces el saque del español en el set inicial y dos en el segundo periodo. Un bagaje que dejó a las claras la exigencia que estaba erosionando al físico del veterano. Aún así, el zurdo se revolvería en la Philippe Chatrier y concluyó la hora y media con una remontada: pasó del 2-3 al 5-3 que le dejó a un juego del empate.
La humedad y la pesadez del terreno ralentizó el ritmo pretendido por Rafael y el argentino amortizó su 1,70 para acumular golpes que provocaban carreras perennes de Nadal hasta cerrar el punto. Además, su saque de golpe plano fue una herramienta que le costó interpretar al favorito. Parecería que sólo el primer parón por la tormenta despertó al zurdo, que a partir de ahí aceleró y remontó. Mas, justo cuando la relación de fuerzas le devolvía al estatus de imperial el agua congeló la inercia hasta este jueves.
Este brete conlleva un mayor descanso para el cruce de semifinales que desarrollarán Dominic Thiem y el italiano Marco Cecchinato. Resultando el primero de ellos segundo favorito, tras abrasar a Alexander Zverev en el duelo de cuartos de final entre jóvenes que gritan protagonismo. El austríaco sólo tiene que doblegar al inesperado verdugo de Djokovic para presentarse en una final en la que esperará, menos desgastado y con más tiempo de recuperación, a los colosos que amenazan a sus anhelos de gloria.
Porque amén del duelo entre Nadal y Schwartzman también se aplazó la batalla que estaban descerrajando Marin Cilic y Juan Martín del Potro. El croata y el argentino, dos futuribles Top-10 al final de 2018, jugaban de tú a tú en un ajedrez físico cuando el agua paró todo. Iban empatando a seis juegos y con tablas también en el tie-break (5-5). La Suzanne Lenglen, en pie ante la intensidad, habrá de despertarse a las 12:00 para continuar con la asistencia al duelo de púgiles que se medirá a Nadal si el español llega a las semifinales.