crítica de cine
Viernes 18 de julio de 2008
Sus autores, Dominique Lapierre y Larry Collins, una de las parejas literarias de más éxito, trataron el tema de la fundación de Israel tras la inmigración masiva de judíos a raíz del holocausto, intentando una objetividad realmente difícil en un conflicto como este que aún hoy no tiene visos de solucionarse, más bien todo lo contrario.
El tema es tan político y desde luego tan delicado que han tenido que pasar varias décadas para que “Oh Jerusalén” llegara a las pantallas y es una pena que después de haber esperado tanto para que el proyecto cinematográfico saliera adelante el resultado no sea ni mucho menos tan interesante como lo era la trama contada en los centenares de páginas de la novela de carácter histórico. Para llevarla a la gran pantalla seguramente no ha habido más remedio que realizar una importante labor de síntesis del exhaustivo relato de Collins y Lapierre, y, por desgracia, ello conduce a que, a veces, la sucesión de escenas pierda la conexión ideal para conseguir un filme compacto y emocionante y no sólo cronológico e informativo.
Sin embargo, el enfoque humano del libro sí ha sido en parte respetado por su director, el francés Elie Chouraqui, que no deja de subrayar que la historia real que se narra está contada desde los ojos de dos amigos, uno árabe y otro judío, que se ven enfrentados a muerte cuando estalla la guerra después de la partición llevada a cabo fríamente por las grandes potencias. Son precisamente las escenas en las que se narra cómo se vivió en Tierra Santa la votación de Naciones Unidas que habría de cambiar su historia, las más convincentes y emotivas de toda la película que no convence, sin embargo, con las posteriores, dedicadas a los terribles combates.