El nuevo PSOE del nuevo presidente del Gobierno ha tenido su “semanita” de gloria y la verdad es que lo ha sabido aprovechar. Ha matado 4 pájaros de un tiro: ha conseguido llegar a la Moncloa contra todo pronóstico, ha provocado una crisis institucional en el PP, se ha recuperado en las encuestas y, por el contrario, ha provocado que la emergente formación naranja de Ciudadanos vuelva a posiciones de meses atrás.
Todo con una moción de censura. Bien, pero ya. Ahora hay que gobernar y Pedro Sánchez solo no puede. No tiene respaldo. Únicamente con el efecto mediático de una reestructuración visceral de la organización del Ejecutivo, muchas mujeres y unos cuantos famosos no vale. Hace falta mucho más.
Aquí no hay amigos. Conseguir unificar un sentimiento de odio hacia un único partido no te hace amigo del que aborrece y detesta igual que tu. Casi todo el Parlamento odiaba a Mariano Rajoy y odia todavía al PP, pero esa animadversión no garantiza el apoyo cuando hay que hablar de independencia o dinero.
La cruda realidad es esa. Necesita a todos y no todos le quieren dar su apoyo gratis. Nadie hace eso en política. Podemos persigue aprovecharse de esa debilidad y, a buen seguro, intentará sacar tajada. De una forma u otra, bien con gestos concretos o simplemente por el desgaste que supondrá al PSOE ejercer de líder con pies de barro, Pablo Iglesias tratará de medrar en la izquierda. El de la formación morada no puede hacer muchas concesiones porque los éxitos de los socialistas en el Gobierno significarán puntos de menos en intención de voto en las encuestas.
Tampoco ayudarán a Sánchez en el principal frente que deberá resolver: Cataluña. Ahí, tendrá que dar la cara. El nombramiento de Josep Borrell como responsable de Exteriores fue puro artificio para los que veían en la elección luz contra el independentismo. Las declaraciones de la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, abogando por una reforma de la Constitución que favorezca los intereses de los separatistas (ella no lo dijo así, claro), recordó a la ciudadanía contraria a la fractura de España la verdadera esencia de la política: “tú me das, yo te doy”.
Es importante saber qué quiere hacer el presidente del Gobierno con Cataluña. Es necesario que explique de qué parte está, de los que quieren romper el país del que es presidente o de los que quieren que España siga siendo la nación que es hoy. Muchos nos preguntamos si va a acercar a los políticos presos a Cataluña y si va a permitir que se continúe sufragando toda la maquinaria propagandística por la independencia.
Del mismo modo, nos tendrá que aclarar las cosas del dinero y cuánto nos van a costar los ministerios nuevos, y todo lo que eso conlleva, cuando los Presupuestos estaban pensados para una estructura menor. Veremos igualmente cómo le sienta al PNV que se pueda ver reducida la partida para el Servicio Vasco de Empleo porque hay que potenciar el transporte público en zonas rurales.
Así, a pesar de los buenos augurios en las encuestas, hoy algunas le dan hasta 118 escaños, el jefe del Ejecutivo tiene que explicar qué va a hacer y qué concesiones hará a todos los que le han permitido disfrutar de esta posición de privilegio. El PSOE deberá posicionarse sobre Cataluña y el resto de partidos en el Congreso, si no están de acuerdo, sobre si hay que adelantar las elecciones. Esto es así, un día arriba y al siguiente abajo, como el propio Pedro Sánchez ha demostrado.