Sobre la diana de Josep Borrell se han lanzado ya las primeras flechas envenenadas de los secesionistas catalanes. También algunos sanchistas han tirado la piedra y escondido la mano. Está claro que el objetivo de la ultraizquierda es fragilizar al ministro de Exteriores y hacerle saltar del Gobierno provocando su dimisión.
Borrell representa la moderación en el PSOE, la socialdemocracia a la europea, el talante liberal y la altura de miras del hombre de Estado. Es, además, el muro de contención del secesionismo catalán. Pocos españoles conocen tan bien como Borrell la debilidad y las mentiras del independentismo. Las ha denunciado de forma incontrovertible en un libro ejemplar y en docenas de declaraciones a la Prensa, la radio y la televisión. En un Gobierno en el que Sánchez ha buscado el fulgor de las estrellas, Josep Borrell es, con diferencia, el más importante entre las ministras y los ministros.
“Ladran, buena señal de que cabalgamos”. Esta frase sagaz atribuida a Manuel Azaña puede aplicarse en la hora presente a Josep Borrell. Resistirá el ministro de Exteriores a todos los embates y, mientras permanezca al lado de Pedro Sánchez, nadie conseguirá descuartizar a España. El racista Torra, presidente de la Generalidad, ha honrado a Josep Borrell calificando sus palabras de “irresponsabilidad inaudita” y el expresidente felón Carlos Puigdemont se ha sumado al honor llamándole “ministro de novela negra”, mientras en la televisión secesionista catalana se vomitaba contra él todo un copioso racimo de insultos y descalificaciones. Una ministra de Sánchez, además, se ha referido a su compañero de Gobierno con palabras ambiguas que anticipan una controversia de fondo en el Consejo formado por Sánchez de cara a la galería.
Borrell tiene en contra a la ultraizquierda, a favor a todo el espectro del centro izquierda y del centro derecha español, es decir, el 80% del voto popular.