Jorge M. Reverte constata en El País que “El Gobierno no tiene la gracia de los cien días. Los tiene que arrancar del calendario uno a uno”. Reitera: “No habrá cien días de paz en La Moncloa. Ni uno”.
Como si le hubieran oído, varios columnistas con capacidad de influencia entre la opinión liberal y conservadora lanzan sus andanadas contra el nuevo Gobierno, que consideran más de cara a la galería que efectivo. “Sí, los reyes son los padres y este gobierno es lo que es: márketing”, escribe Emilia Landaluce.
Sandra Golpe habla de que si atacan a Sánchez es por “efecto boomerang”. Pedro Narváez considera que “es el momento de decir que el rey está desnudo y que las grandes parrafadas sobre la corrupción ahora resuenan ridículas”, y subraya que “a cada rato se pide la dimisión de un ministro”.
José María Carrascal afirma que se trata de un “gobierno de diseño”, y que “el éxito profesional no garantiza el éxito político”. Carlos Herrera cuenta lo que ocurre “cuando solo caben gestos”, en referencia al Ejecutivo: “¿Sabe el Gobierno de Sánchez hacia dónde va, más allá del buenismo gestual?”, se pregunta.