Editorial

A vueltas con la memoria histórica

EDITORIAL

Lunes 18 de junio de 2018

Poco ha tardado Pedro Sánchez en seguir los pasos de Zapatero con su progresismo tontorrón al resucitar la ley de memoria histórica. La ministra de Justicia acaba de crear en su Departamento una dirección dedicada exclusivamente a la investigación de los crímenes del franquismo y ya ha tomado su primera decisión: sacar los restos del dictador del Valle de los Caídos y prohibir la apología del anterior régimen.

Se trata de otro gesto electoralista del nuevo Gobierno que quiere aprovechar la legislatura para rebañar a Podemos los millones de votos que le arrebató. No se da cuenta el ingenuo de Pedro Sánchez que, en realidad, con esta maniobra se echa en brazos de Pablo Iglesias y su monserga de aniquilar el espíritu de la transición, que él denomina el régimen del 78, que propició los mejores 40 años de democracia, de convivencia y de prosperidad de nuestra Historia.

Porque donde mejor se mueve el líder de Podemos es en el escenario de la confrontación entre las dos Españas, el guerracivilismo felizmente olvidado. Ahí nació el 15-M, ahí comenzó el declive del PSOE y el fin del bipartidismo.

Resulta evidente que Pedro Sánchez prefiere dedicarse a la propaganda que afrontar los verdaderos retos de nuestra nación. Ante el desafío secesionista catalán vuelve a plantear su ambiguo planteamiento federalista, que además de ser rechazado por los separatistas que solo quieren la independencia requiere una reforma de la Constitución que necesita una mayoría parlamentaria de dos tercios; o lo que es lo mismo, contar con el imposible apoyo del PP. Un brindis al sol para ganar tiempo. Mientras, Quim Torra ya despliega sus embajadas por el mundo y blinda TV3, tras levantar el Gobierno el control de las cuentas de la Generalidad. Como premio, el Ejecutivo ya busca la fórmula para acercar a los presos independentistas a Cataluña.

La ley de memoria histórica resulta, además, un auténtico disparate. Se resucita el enfrentamiento de la guerra civil pero sólo para denunciar los crímenes de un bando. Y se pretende prohibir la apología del franquismo, a la que apenas se dedica una docena de nostálgicos. Sin embargo, en el Congreso de los Diputados se reúnen los proetarras, los separatistas y los comunistas cuya obsesión no es otra que aniquilar la Constitución y, de algún modo, la democracia.

No debe saber Pedro Sánchez que, precisamente la Carta Magna, consagra la libertad de opinión. Esto es, cualquier español puede sentirse franquista, comunista o separatista mientras no se salte la ley. También se olvida el presidente del Gobierno que el fascismo y el comunismo, aliados con el nacionalismo, han provocado los mayores genocidios y las más cruentas guerras de la Historia.

Resucitar la memoria histórica no es más que una burda treta de Pedro Sánchez para despistar a la opinión pública, para disimular que con 84 años no puede gobernar. Al final, como era previsible, Pablo Iglesias tomará el timón y llevará al presidente por el camino contrario al que busca: legislar con los separatistas en contra de los históricos principios de los socialistas. La ley de memoria histórica de Zapatero, un precursor del populismo, es solo el primer ejemplo.