Opinión

El PP y el peligro de ahondar en la división

Y DIGO YO

Javier Cámara | Martes 19 de junio de 2018

Interesante se presenta el panorama político en España. Ni una semana sin el “notición” que convulsione a partidos y ciudadanía. Y llevamos así años. La que transcurre nos tiene pendientes de la pantalla del PP y de los candidatos a suceder a Rajoy. Tampoco está siendo lo que muchos esperaban y muchos ya esperan, como se dice vulgarmente, “sangre”.

La cosa promete con un Pedro Sánchez que vemos le ha cogido el gusto a la Moncloa porque dijo que su Gobierno era transitorio, que convocaría elecciones lo antes posible, y ahora está como loco por quedarse haciendo running por la carretera de la Coruña; un Pablo Iglesias que ha quedado para hacer de recadero del PSOE buscando reuniones secretas con socialistas e independentistas para meter la cuchara como sea en un futuro Ejecutivo; un Quim Torra en modo ‘activar República’ aprovechando que el que manda está dispuesto a todo por quedarse en el sillón de mando; y un Albert Rivera tratando de revertir los efectos colaterales de una moción de censura que no solo hundió al PP.

No hay nada como tocar pelo y sentirse importante, disfrutar de los placeres de la vida en un chalé apartado del mundanal ruido, imaginar que la independencia sí es posible o pensar que la intención de voto en una encuesta, efectivamente, no es más que la foto de un momento concreto. Da igual lo bueno o malo que se presente el futuro, al final, todos tendrán que pactar o enfrentarse con el que gane las “primarias” en la calle Génova.

Gran parte de que se cumplan o no los sueños de algunos pasan por un PP en descomposición ideológica y física, por las guerras internas, o por un Partido Popular fuerte y con un líder –o una lideresa– que mantenga la capacidad de aglutinar al centro-derecha bajo unas siglas que se lo ponga difícil a la izquierda y a los separatistas.

Pero el futuro del PP no es nada alentador. Entre la vorágine informativa se ha colado el partido de Mariano Rajoy en todo su triste esplendor dispuesto a dar el espectáculo de la política en su versión más televisiva. O surge del debate un líder fuerte capaz de unificar criterios y llevar a cabo un cambio radical de ideario, caras, estructuras y con un modelo más participativo o la formación azul se dividirá aún más y seguirá repartiendo votantes y militantes entre Vox y Ciudadanos.

El paso atrás de Alberto Núñez Feijóo ha sorprendido tanto como el paso hacia delante de Pablo Casado. Nadie oculta que una cosa tuvo que ver con la otra, aunque, para ser sincero, dudo de qué fue primero. En medio, la guerra de fuerzas entre José María García Margallo, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, con sus odios y zancadillas de por medio, no vislumbra nada bueno en el huerto popular. La imagen del PP ahora mismo es la de una jauría de perros hambrientos enseñando los colmillos para hacerse con el pedazo de poder más grande posible.

Visto así, con dos damas súper poderosas en el aparato del PP enfrentadas, controlando sectores y comunidades autónomas, ¿a alguien le sorprende que Feijóo haya dicho que no se presenta? Quien gane el puesto no lo tendrá fácil. Las primarias siempre fueron un arma de doble filo y el futuro presidente de los populares tendrá seguro que seguir vigilante de sus rivales. Y si no, que se lo pregunte a Pedro Sánchez.

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