Opinión

Del triunfo a la desintegración

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 23 de junio de 2018

El viaje del Rey Felipe VI a los Estados Unidos sirvió para recordar una etapa muy significativa de la historia de España. El siglo XVIII norteamericano forma parte de la historia de España. La fundación de dos ciudades, San Antonio y Nueva Orleans, está escrita por españoles y, por lo tanto, hispanoamericanos. La conmemoración de los tres siglos de su fundación recordó a los misioneros, a los pobladores, a las expediciones. Las exposiciones que inauguraron los reyes “Recovered Memories: Spain, New Orleans, and the Support for the American Revolution” y “Designing America: Spain’s Imprint in the US” son la mayor evidencia del papel clave que jugó España y Nueva España -hoy México- en el desarrollo del norte, de sus ciudades y de su población.

El rey tuvo razón en subrayar que “La historia de España en Louisiana no es lo suficientemente conocida”. August Coppel, conocido entre los suyos como Cacao, es vicejefe-presidente de los indios Houma, dijo: "Los houma llevamos relacionándonos con los españoles desde hace cientos de años". La Misión de San Antonio, fundada en los inicios del XVIII, ha sido declarada patrimonio de la Humanidad. La catedral de San Luis, la segunda más antigua de los EEUU, aunque haya perdido las torres de estilo español, conserva su ubicación en la plaza junto con otros edificios públicos, cosa poco frecuente en Norteamérica.

El rey recordó en su discurso la labor de los historiadores norteamericanos para recuperar e investigar su legado hispano. Sonaron los nombres de Herbert Bolton, Carlos Castañeda, Gilberto Hinojosa, Félix Almaraz... No podemos olvidar que las universidades y bibliotecas en EEUU están repletas de los documentos históricos, rescatados de milagro de las permanentes guerras entre los hispanoamericanos. La visita a la Casa Blanca fue el broche de oro. El presidente Trump apoyó el Gobierno de España durante la crisis catalana y dijo sin tapujos "que España es un gran, gran país y debe permanecer unido".

Mas aquí no acaba el periplo de Su Majestad. Su próximo destino ha sido la España actual: Tarragona. ¿Qué le enseñará esta visita sobre el presente o sobre el pasado? La inauguración de los Juegos del Mediterráneo en Tarragona y los Premios Fundación Princesa de Girona ya han sacado lo peor de las autoridades locales. El cobarde Torra no sabía qué hacer con el rey, hasta necesitó el consejo de Puigdemont, pero acabó demostrando toda su pusilanimidad: jaleó las masas de ANC y a otros radicales contra el jefe del Estado, pero saludó al rey Felipe, anunciando que será la última vez que lo haga. No fue envidiable la posición de Sánchez que ocupaba el sillón entre el rey y rebelde presidente autonómico, aunque sospecho que el presidente del Gobierno traga con los nacionalistas.

Queda por ver lo que salga de las provocaciones de otros políticos como Elsa Artadi que defendió cualquier “reacción ciudadana” contra la corona, negando implícitamente la ciudadanía a la población que no comparte estas ideas. De nuevo estamos ante la descomposición de la nación y del estado. Los separatistas están aprovechando la menguada fuerza e inexistente prestigio del poder central. Es alarmante la confusión de la identidad racial con un organismo nacional que los nacionalistas promueven denigrando a los españoles. En realidad, niegan a cualquiera que no esté de acuerdo con ellos. ¿Cuáles serán las consecuencias de esta falta del proyecto nacional? Parece que el futuro dará la razón a Ortega y Gasset quien, hace casi un siglo, dijo: "La cohesioìn se atrofia, la unidad nacional se disuelve, las partes se despegan, flotan aisladas y tienen que volver a vivir cada una como un todo independiente.”