Opinión

Elecciones en México: los ciudadanos están enojados y con razón

TRIBUNA

Diana Plaza Martín | Domingo 24 de junio de 2018

A menos de dos semanas del día de las elecciones, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) está a veinte puntos de su inmediato perseguidor según las encuestas. MORENA y su candidato son los definidos, o mejor dicho, los denostados por una buena parte del sector de medios, analistas políticos, académicos, directores de campaña e intelectuales como los “populistas”, esto es, grosso modo, aquellos que no tienen una propuesta clara de gobierno y construyen su discurso apelando a las emociones de los ciudadanos.

Esos mismos profesionales consideran que la gran mayoría de los ciudadanos mexicanos que el 1 de julio tiene que votar para elegir al presidente del ejecutivo, así como a una multitud más de cargos en los diferentes niveles de gobierno (más de 3.400 a nivel local y federal), lo están haciendo escuchando más a su emoción que a su razón. Por tanto, una consecuencia lógica del cruce de las dos variables es que Obrador y MORENA van a ganar las elecciones por que los votantes no van a ser razonables al emitir su voto, sino “populistas”. Craso error, en dos aspectos fundamentales.

El primero vendría desde la comunicación política, ya que, por lo general, si tu consideras al ciudadano como alguien inferior y él se da cuenta, lo más lógico es que no le caigas bien y su voto no vaya a recaer en tu propuesta política. Esto sucede al decir continuamente que los votantes de Obrador no están pensando las cosas, que se están dejando llevar por las emociones. El segundo estaría en considerar a la emoción inferior a la razón, eje de pensamiento binario en el que recae nuestro segundo aspecto fundamental entorno a la incorrección de moralizar las emociones y la inoperancia de establecer una frontera impermeable entre la razón y la emoción.

En el México actual la corrupción y la inseguridad son los problemas nacionales prioritarios para la gran mayoría. Los dos están probados con un sin fin de cifras, atroces y obscenas, con las que se justifica que estén señalados como tal. Esto es, pensar que esos dos son los problemas de México resulta razonable para una gran mayoría de los personas puesto que es verdad.

Así mismo, esos dos aspectos son los que generan en la mayoría el hartazgo y enojo con la situación actual y por extensión, con aquellos encargados de dirigir el país en los últimos dos sexenios (PAN, Ricardo Anaya y PRI, José Antonio Meade, los otros dos contendientes a la presidencia). Es decir, lo que hace que una gran parte de los ciudadanos exprese sus emociones, en este caso negativas, contra la clase política que ha gobernado el país en los últimos doce años, son un montón de razones medidas y documentadas. O lo que es lo mismo, su emoción se justifica en la veracidad y la maldad del hecho y, al parecer, en términos electorales esa se traducirá mayoritariamente en un voto por AMLO. Es más, en este ejercicio de diferenciar emoción y razón y vincular la emoción con el término populismo, estaríamos apelando de nuevo a un binomio peligroso y que parece gozar hoy día de pleno vigor, la división de la sociedad en términos de Civilización/razón o Barbarie/emoción.

Si bien es cierto que podríamos decir que la sociedad mexicana está antagonizada (salvo en el momento que escribo estas líneas en las que se acaba de ganar a la campeona del Mundo), no estoy segura de que ese antagonismo sea por la interpelación “populista” de AMLO o si tiene más que ver con las fracturas tradicionales del país, racismo, elitismo, clasismo, centralismo…De hecho y a juzgar por algunos de los spots de campaña que hemos visto estos días, creo que lo que realmente está cargado de emociones es la crítica a AMLO y su movimiento. Y es que la frontera entre emoción y razón, así como tantas otras, son permeables, se contaminan mutua y constantemente. De hecho, puede ser extraño que algo que consideramos correcto no sea bueno y viceversa.

El error por tanto es doble, es teórico y práctico. Quedan dos semanas y tal vez ya sea tarde para modificar esos juicios morales sobre la intención de voto de los mexicanos. Pero para la próxima ocasión puede ser recomendable, no sólo dejar de usar el discurso del miedo para tratar de convencer a los votantes, ya que hemos visto que las redes sociales han desactivado este mecanismo, sino también dejar de decir a los votantes que sean racionales a la hora de sufragar. Esa afirmación incurre en una fuerte negación, al invalidar a una parte de los ciudadanos mexicanos aquella capacidad por la que se nos lleva diciendo siglos que nos diferenciamos de los animales. Afirmación que, a su vez, ahonda en el enojo y la división social que dice querer aminorar.