Opinión

México: el impasse

Carlos Arriola | Domingo 20 de julio de 2008
Pareciera que el problema principal del país fuera el narcotráfico. La insistencia del gobierno y los medios en el tema ha relegado la información acerca de los problemas económicos y sociales. De la vida política se rescatan los hechos escandalosos que desprestigian a funcionarios y particularmente a los legisladores.

Más grave que el narcotráfico es la pérdida de competitividad del país. La incapacidad gubernamental para promoverla sistemática y ordenadamente resulta alarmante. De las tareas de adecuar y actualizar la reglamentación nada se sabe, aunque sí se padecen las consecuencias de la pasividad. A título de ejemplo baste mencionar el costo del dinero: los bancos pagan un interés de alrededor del 6% mientras que cobran un 44% anual al usuario de una tarjeta de crédito.

Un problema mayor es la mala calidad de la educación y la capacitación de la mano de obra por parte de instituciones públicas y privadas. En las primeras, el sindicato (más de un millón de afiliados) neutraliza cualquier intento de reforma. Además es una poderosa maquinaria electoral y su líder sabe venderla al mejor postor. En las instituciones particulares priva el negocio sobre la academia. La docencia se limita a estudios que no requieran grandes inversiones en laboratorios y talleres, y prácticamente no hay investigación científica. En ambos sistemas hay excepciones pero la mediocridad es la regla general.

No es de extrañar, a la luz de estos pocos datos, que la concentración del ingreso se haya acentuado. Si ello ocurre en las economías avanzadas, la tendencia es mayor en países como México donde se ha debilitado la fuerza del Estado. Las reformas para limitar la evasión fiscal de las empresas fueron motivo de irritación, a pesar de que no hubo aumento en las tasas. No es de extrañar que una tercera parte del presupuesto se financie con los ingresos petroleros que resultan confiscatorios para la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex). Ninguna compañía privada aceptaría el régimen fiscal vigente para la petrolera estatal. De ahí que no se vea muy claro cuál es el interés del presidente Calderón en abrir el sector al capital privado. La única razón parece encontrarse en las presiones externas.

De todos estos problemas prácticamente no se habla. El partido en el gobierno (PAN) espera vanamente ganar fuerza en la elección de diputados del próximo año. Su peor enemigo será la abstención de sus desilusionados votantes del 2006. La oposición de la abigarrada izquierda que obtuvo una sorprendente votación se encuentra dividida y difícilmente alcanzará un resultado digno, ya no semejante. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encuentra al asecho para recuperar el poder perdido, sin hacer explícito un programa de gobierno. A pesar de ello, cuenta con buenas posibilidades de obtener el mayor número de diputados.

Cualquiera que sea el resultado, los efectos prácticos para incrementar la competitividad del país serían pocos. A la debilidad del Estado se suman las resistencias de los sectores privilegiados: algunos sindicatos y las grandes corporaciones, con los que no se enfrentarán los partidos políticos. Mientras tanto, los problemas crecerán. La única pregunta es ¿hasta cuándo?

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