Andrea Donofrio | Domingo 20 de julio de 2008
En Italia, el latín representa una asignatura obligatoria en los colegios y su estudio es bastante difundido, pese a una clara disminución en los últimos tiempos. De materia obligatoria en los estudios clásicos, su uso ha ido reduciéndose, tanto que algunos discuten su utilidad pero no su valor: así que es típico que durante una conversación, el orador utilice una palabra o una citación en latín para mostrarse erudito y complacerse de la inmediatez de formulas semánticas provenientes del pasado. Sin embargo, muchas veces el uso de latín provoca desconcierto o risa en cuanto las citaciones contienen errores generando lo que los norteamericanos llaman: “tooth-spinach effect”, es decir, que el interlocutor no preste más atención a lo que le están diciendo como si tuviera una espinaca entre los dientes.
Así que mientras el papa Benedicto XVI baraja la posibilidad de volver a la misa en latín, los políticos y los periodistas italianos dan muestra de su falta de conocimiento y, más preocupante, su presunción: por ejemplo hace un par de días, para describir la relación entre su partido y la Lega, el Presidente del Consejo Silvio Berlusconi decidió recurrir a un “latinorum”, exclamando: “Simul stabunt, simul cadunt”, para indicar que “Como juntos estarán, así juntos caerán”. Lamentablemente la concordancia y el conocimiento de los tiempos verbales no entra entre las virtudes presidenciales: el cadunt en realidad sería un cadent. Sin embargo, el mismo error fue cometido por Bettino Craxi hace algunos años, viniendo casi a demostrar el lazo existente entre los dos políticos. Pero il Cavaliere no es nuevo en errores en latín: en marzo de 2006, durante un programa televisivo, se atrevió a citar a Publilio Siro, autor latín del I siglo A.C., declarando que “aggressus no tenet in manu stadera”. La frase correcta era staderam e indicaría que a veces un agredido pierde el sentido de la medida y su reacción resulta exagerada y desmesurada.
Los periódicos italianos abundan de citaciones y en muchos casos repletas de errores: así es posible leer que “el presidente lanza a sus aliados un out out”, como si fuera ingles, mientras la expresión correcta, aut aut, indica una disyuntiva donde las dos alternativas se excluyen recíprocamente. Frecuentes son los errores en noticias relacionadas con la iglesia: “al principio del conclave se pronunciará la fórmula erga omnes”, mientras la fórmula correcta, extra omnes, significa “fuera todos”. O se confunde la locución “fiat lux”, del Génesis, 1,3, “hágase la luz” con “lo haga él”.
A menudo, el uso del latín representa una manera para mostrarse docto, la ostentación de conocer una lengua tan antigua como siempre moderna: además, muchas expresiones latinas han entrado tan plenamente en el vocabulario italiano, que su uso es común, automático. Sin embargo, seria oportuno que, antes de utilizarlas, el interlocutor estuviera seguro de su corrección: en las Epístolas, San Girolamo amonesta: “Loqui qui nescit discat aliquando reticere”, es decir “quien no sabe hablar, aprenda de vez en cuando a estar callado”.
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