El nuevo presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se defendía en el segundo debate presidencial sobre el problema que podía suponer su edad, 64 años, con una frase del lenguaje beisbolero “bateo por arriba de 300”. Esto es, por cada diez veces que pasa a la caja de bateo conecta tres hits. ¿Siguen sin entender? Me voy más despacio.
La caja de bateo es el lugar desde dónde los bateadores esperan que el pitcher les lance la bola, conectar un hit significa darle a la bola con el bate y que ésta quede dentro del terreno de juego y juegue, ya que se puede dar a la pelota pero que la misma caiga directamente en las manos de “los jardineros” y ser un “out” (el bateador queda eliminado).
Batear por arriba de 300 es un promedio excelente, por lo que AMLO con esa frase de argot, del que hasta la década de los 50 fuera el deporte nacional de México, no sólo informaba que estaba en sus plenas capacidades físicas para gobernar, sino que se diferencia de los otros candidatos haciendo alusión a un deporte que en el país se relaciona con las tradiciones culturales del pueblo y la periferia, esto es, todo aquello que representa el candidato nacido en Tabasco, un estado del sur del país en el que el deporte rey, como lo es en general para esa zona, no es el fútbol sino el beisbol.
En esos mismos debates, dos candidatos hicieron alusión al fútbol, el independiente Jaime Rodríguez “el Bronco” (5.1%% de los votos) y José Antonio Meade (16.4%) del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este último, incluso llegó a desear suerte a la selección antes de responder a una pregunta sobre igualdad de género. El tercer candidato, Ricardo Anaya (22.5%), del Partido Acción Nacional, siguiendo con su línea de seriedad y técnica para resolver los problemas del país, no hizo alusión a temas deportivos en ninguna versión.
Es así como, el finalmente vencedor de la elección con un 53% de los votos, a través de un gusto personal por el que fuera el deporte rey de México, se desmarcó de sus tres adversarios, reforzando su imagen de respeto e identificación con todo aquello que no representa al centro, ni a los poderes hegemónicos.
Varios medios en México titularon al día siguiente de la jornada electoral haciendo alusión al sueño de todo bateador: ¡Jonrón de AMLO!. Este término, del inglés Home run, indica cuando el bateador consigue sacar la pelota fuera del terreno de juego por la barda del fondo y, por lo tanto, puede correr todas las bases y anotar. Con la expresión “batearemos un jonrón”, AMLO había definido varias veces lo que iba a suceder el día de la elección. Lo que no había dicho AMLO, es que, además de batear un jonrón el día primero de julio, también consiguió llenar la casa; “Casa llena” es la expresión para indicar que tienes un jugador en cada una de las bases (hay tres), por lo que de conectar un home run o un imparable, todos o varios pueden anotar una carrera.
Tal vez en este momento, aquellos que no conocen la jerga del beisbol ya están agotados, así, yo creo es como se han de sentir muchos que en este momento han visto como AMLO y sus aliados de gobierno, no sólo han ganado la presidencia, sino que han obtenido mayoría en las dos cámaras y han conseguido cinco gobernaturas de las nueve en juego, obteniendo entre ellas la de la capital del país; aquella que AMLO había gobernado en el período 2000-2005, año en el pidió licencia para postularse para la presidencia del gobierno de la nación.
Andrés Manuel, un político que en comunicación mediática no es bueno, habla despacio, no es claro, repite los mismos conceptos una y otra vez, ha vencido, y no sólo lo ha hecho entre los más pobres del país, sino que lo ha hecho, entre los millennials, la gente joven y la clase media, es decir, entre la población que está conectada 24/7.
Tal vez podamos extraer de esta elección que el ejercicio de la política no es un saber técnico, sino que es fundamentalmente el arte de la representación. Al nuevo presidente de México se le ha achacado varias veces, en tanto que candidato “populista”, de no entender ni respetar los mecanismos de la democracia representativa, no obstante, creo que él los entendió mejor que ninguno, máxime en un país en el que más de la mitad de su población es pobre.
La intelectual hindú Gayatry Spivak en una de sus obras más reconocidas planteaba la siguiente pregunta: ¿pueden los subalternos hablar? A la que respondía: “pueden, pero nadie les escucha". En su vida política AMLO ha realizado varias giras por el país visitando los municipios más pequeños y pouperizados. Es decir, ha escuchado a los subalternos. Paradójicamente en el mundo de la comunicación global, en el que pareciera que a través de un smart phone podemos realizar todo y, sobre todo, hablar y ser escuchado, la población ha primado y valorado el esfuerzo de la comunicación cara a cara.
En los años venideros comprobaremos si México consigue poner en marcha “la 4º transformación”. Lo que es un hecho es que la electa administración mexicana tiene la casa llena, así que si el promedio de bateo que presume su líder es cierto, tendremos un buen juego. Por lo pronto, les recomiendo que se vayan familiarizándose con el argot beisbolero, quién sabe, igual entre todos lo cambios propuestos y esperados, también asistimos a uno deportivo.