Opinión

La farsa del artículo 155

TRIBUNA

Carlos Abella | Domingo 08 de julio de 2018

Oí el otro dia al presidente del gobierno hablar en el Parlamento de la “lealtad” con la que su partido se había comportado con el anterior gobierno en el golpe de estado de los dirigentes independistas catalanes y que exigia al PP idéntica conducta. El presidente del gobierno pide lealtad, cuando en otra muy reciente sesión de control del Parlamento literalmente dijo: “Ojalá a partir del 9 de julio podamos emprender un camino que restañe muchas de las heridas que, durante estos últimos seis años como consecuencia de la falta de criterio y de estrategia del anterior gobierno, han causado la fractura social en Cataluña”. Más claro, agua. Ese era el su falso compromiso con el artículo 155.

Utilizar la palabra “lealtad” en sede parlamentaria fue una considerable osadía porque han bastado unas pocas semanas para comprobar que la lealtad del PSOE con la aplicación del artículo 155, es decir con la defensa del orden constitucional era la mínima para poder simplemente figurar como aliado del gobierno de España, pero dejando pruebas constantes de su desafección con éste. Ya entonces se supo que por indicación del PSOE el articulo 155 no se iba a aplicar a la vergonzosa televisión pública catalana, TV3, autentico órgano de subversión anticonstitucional, y que otra de sus condiciones para sumarse a ese mínimo común denominador constitucional fue la casi inmediata convocatoria de elecciones en Cataluña, para evitar una prolongación de su aplicación y la extensión de su excepcionalidad. Error que asumió en solitario como otras medidas el presidente del gobierno, y que considero fue decisivo para que el golpe continuara aun con más fuerza pues aglutinó la insumisión y fraguó el matonismo incívico del independentismo.

Esta tibia vinculación se visualizó también en las constantes alusiones de Pedro Sanchez y de otros dirigentes socialistas durante todo el periodo de aplicación del 155 pero no solo por parte de los melifluos dirigentes del PSC sino también en otros que hoy se sientan en el Consejo de Ministros, como la entonces portavoz Margarita Robles , a quienes se la oía insistir una y otra vez en que el “proces” no se resolvía por la via judicial sino – frase repetida hasta la saciedad- desde la política, coincidiendo asi ya con la reivindicación independentista

En plena aplicación del 155, se visualizaba la proximidad y comprensión de Miquel Iceta y de Meritxell Batet, y de algunos alcaldes socialistas catalanes para quienes la raíz del conflicto era político y que su origen estaba en la cerrazón popular y en su desconocimiento de Cataluña, argumentos que fueron esgrimidos reiteradamente en prensa, radio, televisión y en sede parlamentaria. El presidente del gobierno, necesitado del apoyo de PSOE y de CS, tuvo que lidiar en solitario los desagradables acontecimientos de estos meses, y erró en su promesa de que no habría referéndum, falló en no encontrar la urnas, tuvo que asumir el innoble y traidor boicot de los Mossos, la decidida revuelta popular coordinada por la ANC y el Ómnium Cultural, las cargas policías en algunos colegios electorales, y el descredito de imagen que ello supuso en el exterior.

Esta tibieza se interpretó como que el PSC exigia un trato suave con el “golpismo y una “comprensión“ de la que carecía el presidente del gobierno y el PP. Sabemos hoy que esa actitud pretendía no distanciarse mucho de los postulados “golpistas” para en el momento idóneo poder llegar a un punto de acuerdo o de dialogo, presunción que se ha acreditado a las pocas horas de llegar al gobierno.

Hoy la nueva delegada del gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, ha manifestado que “esos incidentes del 1-0 no debieron ocurrir”. ¿Cuáles? ¿Las cargas policiales para evitar un acto ilegal o la organizada revuelta popular coordinada por los Jordis? ¿Las expulsiones de hoteles y pensiones de guardias civiles, y policías nacionales? Por cierto, que no se olvide la presencia –poco comentada-, del actual presidente del Parlament, Roger Torrent, subido al techo del Land Rover de la policía en el cerco a la Conselleria de Hacienda con los dos Jordis. Para los periodistas de los medios internacionales, poco conocedores de la realidad ilegal e ilegal e ilegítima de la situación excepcional de Cataluña, estos hechos, la fuga de Puigdemont y de otros consellers fue visto como la lucha de un pueblo por sus libertades frente a un estado y un gobierno intolerantes

Solo días después de asumir el gobierno, los responsables socialistas ya hablan sin tapujos de reestablecer disposiciones del Nuevo Estatut, anuladas o impugnadas por el Tribunal Constitucional, aberración que solo puede ocurrírsele a quienes no distinguen el margen de la ley. Aquel Estatuto, que no demandaba la sociedad catalana y que fue pactado por el irresponsable presidente Rodríguez Zapatero con Artur Mas y con Pasqual Maragall y con éste como compensación -partidista-al apoyo del PSC en el Congreso del PSOE en el que salió elegido secretario general frente a José Bono.

Con la habilidad propagandística que les caracteriza, y la complicidad de prácticamente todos los medios de comunicación, mientras “comprometía” su apoyo al artículo 155, el PSOE deslizaba sutilmente que la culpa y responsabilidad del aumento del independentismo estaba en aquellas objeciones populares y en la inacción política del gobierno de Rajoy, para sin dudar obviar la responsabilidad de quien prende fuego a la mecha frente a quien muestra prudencia, interpretada en ocasiones como inacción frente a la endemoniada herencia.

Bastaría recordar cuantas veces se ha utilizado este argumentario para saber que el “procés” en Cataluña solo lo ha combatido con energía la generosa y brillante Inés Arrimadas, mientras en plena campaña Miquel Iceta ya hablaba de ¡indultar a los presos! y fueron muchos los momentos en los que el PSC se negó a formar parte del que en el resto de España creíamos -con enorme ingenuidad- un bloque constitucionalista, que jamás existió, por la deslealtad de los socialistas catalanes, los recelos del PP ante el crecimiento de Albert Rivera y del C’ S, que con tan sana y autentica dialéctica como valor y conciencia constitucional y democrática supo llamar a los golpistas por su nombre, enfrentarse a ellos en el Parlament con ideas y convicciones y estimular y colaborar con la espontánea reacción de la ciudadanía catalana y española. Mientras, Iceta balbuceaba patéticas frases comprensivas hacia quienes habían vulnerado el orden constitucional, y los medios de izquierdas preparaban el terreno al escándalo de la corrupción del PP, y los secuaces jurídicos del socialismo conspiraban en los pasillos de los tribunales para acelerar las sentencias que iban a preparar el terreno para que la innoble corrupción fuera el argumento principal de la moción de censura.

Recordamos como Iceta no participó en la primera gran manifestación convocada por Sociedad Civil Catalana y solo lo hizo en la segunda cuando comprobó la visibilidad que estas manifestaciones tenían y el éxito de convocatoria de las mismas. La presencia de Borrell en ellas se debe interpretar más a su criterio personal. Creo que su presencia en el actual gobierno es –alejado del foco nacional y catalán- una muleta con la que Sanchez pretende hacernos creer que es un contrapeso a la decisiva presencia de otros dirigentes del PSC que son quienes en verdad llevarán la dirección política del entreguismo. .

El PSOE y el gobierno con la complicidad de quienes en el Parlamento le han otorgado su apoyo quieren deshacer todo el rechazo jurídico, moral, social y legal al golpe de estado en Cataluña, y el rearme cívico de los millones de catalanes no independistas.

Por ello, vienen tiempos difíciles para los jueces Llarena y Lamela y en general para toda la judicatura, cuyo comportamiento ha sido impecable hasta ahora, aplicando el peso de la ley a quienes han vulnerado el orden constitucional en un territorio español.

Y vienen tiempos de blandura de convicciones constitucionales, de comprensión de los delitos y delincuentes en prisión preventiva, y se va a imponer la necesidad de humanizar el trato de quienes han sembrado la discordia social e impuesto una única visión de Cataluña, quebrando familias y convivencia y a quienes impusieron el horror y la sangre durante muchos años de nuestra democracia, traicionando a las verdaderas víctimas que son las familias de los asesinados, torturados y secuestrados.

Nuestro actual presidente del gobierno, Pedro Sánchez, mientras el estado español, la Monarquía, las fuerzas de seguridad y el gobierno, lidiaban con el matonismo golpista del gobierno de la Generalitat, urdía una moción de censura –amparado en la vergonzosa corrupción del PP –para inmediatamente poner en marcha toda su desafección y rechazo político, jurídico, moral y ético de la labor del Estado –insisto del Estado - en la crisis catalana y frente al golpe de sus instituciones contra la Monarquía, porque el PSOE parece olvidar que la proclamación de la independencia no solo pretende su separación de España sino la configuración de otro régimen: una república.