Para El Mundo se trata de “Una distensión para la galería”. Un fragmento de su editorial: “Si ya es grave que Torra mantenga su amenaza al orden constitucional, aún lo es más que Sánchez traicione sus propias palabras explorando acuerdos con quien sigue dispuesto a quebrar la legalidad. Un Estado de derecho no dialoga ni negocia con golpistas. La ciudadanía tiene derecho a saber cuál es el precio de sostener a Sánchez en La Moncloa”.
David Gistau se fija en la ratafía, el licor que Torra regaló a Sánchez, como metáfora de lo que ocurre en España: “Todo con tal de que se sientan queridos. ¡Hasta poner un apologista del Proceso como seleccionador! Pero la ratafía, ¿de verdad era necesaria? Y, lo que es más importante, porque no lo aclaró después la vicepresidenta, para encauzar esto, ¿debemos beberla todos los españoles obligatoriamente? Casi prefiero otra Guerra Civil”.
Titula La Razón en su portada con una sola palabra en catalán: “Desglaç”, deshielo, como queriendo acuñar un término que nombre la nueva etapa, del mismo modo que el glásnost, transparencia, en los años finales de la URSS. Pero en su editorial no se muestra optimista este diario, que cree que Torra solo quiere la autodeterminación: “No anima nada al optimismo que Torra anunciase que no invitaría al Rey al homenaje a las víctimas por los atentados de Barcelona y Cambrills del año pasado, lo que compromete seriamente a Pedro Sánchez, su nuevo interlocutor”.
Sabino Méndez también se fija en la ratafía, pero sobre todo en que Sánchez llevó a Torra hasta la fuente donde Machado se citaba con Guiomar: “Es lo que hacemos todos los catalanes para disimular aquel engorroso momento en que nos pillan pensando que el resto del país es un poco tercermundista: para negarlo decimos que nos gusta mucho Machado que además era de izquierdas”.
Xavier Vidal-Folch, otro catalán, también concede importancia al detalle en su análisis para El País: “Ahora, el viaje de Torra a La Moncloa, el paseo con su inquilino al rincón de Antonio Machado —el mismo poeta que unos ignaros radicales quisieron extraterrar del callejero de Sabadell— y el reconocimiento de que todo fue ayer “mejor de lo esperado”, viene a consagrarlo, ese poder del símbolo. El primer paso para una recomposición es dejar de echar pestes contra el otro, pues de persistir en ello tus seguidores impedirán que pactes jamás”.
En ABC, ortodoxia: “Sánchez no puede claudicar al chantaje”. Dice que “Sánchez no puede jugar con dos barajas, y menos aún cuando su exiguo Gobierno, sustentado por 84 diputados, ha prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución”.