Tengo la casi absoluta certeza que el señor Pablo Casado va a ganar la presidencia del PP, pues es como un tiburoncillo caliente de eros que sabe moverse por estos océanos de la política a dentelladas mejor que la pobrecita Soraya, la cual ya ha quedado como una Caperucita Roja en donde la bruja del cuento en vez de indicarle que no muerda la manzana va y le receta paracetamol. Casado, pues, será uno de los cuatro guapos que combatirán a duelo con florete a las presidenciales del 20. Y digo guapos, porque es cierto. La política en España ya es cosa sólo de la belleza y de los asesores de comunicación, los cuales meten manos, gafas de sol, perritos, póster en bolas, banderas de España, risitas forzadas, militantas y militantes embelesados por los rostros cinematográficos de un tal Pedro, de un tal Albert y de dos tales Pablos.
Dadas así las cosas, Casado ha sabido y sabrá cómo jugar su baza para ser el presidenciable, pues según le oído todo apunta que en torno a él se ha creado toda una cosmogonía quizá influenciada por Swedenborg, dada su estructura moral simplista y la visión maniquea entre el bien y el mal, lo que le lleva a expresar su párvula visión, deliberadamente despolarizada -de ahí su alejamiento de la alcahueta Soraya- en la que todo deseo político debe constreñirse únicamente a todo anhelo físico que deambule cual fantasma por el mundo material pero matrimoniándose con el mundo divino. Todo esto que digo, según la politología, debe Casado diseñarlo desde un liberalismo acérrimo muy cercano al aznarismo y su musculatura/padel -todavía los españoles esperamos que la gimnasia de Josemari nos pida perdón por invadir Irak, a que no hay cojones-. Este reformismo liberal bebe del neoliberalismo estudiado en Chicago y en Viena y sus escuelas tal y como hizo la mujer no de hierro sino de ventosidades huracanas que fue Margaret Thatcher, con su sombrerito de las islas Malvinas y su bolsito hortera comprado en Harrods en 1834, que fue cuando se abrió la tienda gracias a Charles Henry Harrod. Casado quiere ser el nuevo Sir Winston Leonard Spencer Churchill hispano, pero más delgado y sin ser duque de Marlborough. Lo cual que, si quiere Pablo ser sir y no sólo Pablito, solicito desde aquí que el ducado de Franco se lo den a él como herencia, pues desde que empezó en Nuevas Generaciones del PP yo creo que se lo ha ganado a pulso y a mandíbula batiente.
Y hete aquí que lo que está buscando Casado -quizá por culpa de su apellido- es un Matrimonio entre el Cielo y el Infierno, es decir, esa división rigurosa que desde mi punto de vista políticamente distingue el liberalismo acojonante de Bentham del de Wilfredo Pareto, quienes propusieron que la libertad en la polis debe generar una óptima satisfacción social. Es decir que Casado es el nuevo homo oeconomicus, un ser perfectamente racional con tendencia a maximizar su personal e íntima satisfacción. ¿Por qué se creen ustedes que Casado siempre está contentillo, chispitas -ayuda el vino blanco-, cordial, diplomático, es decir, hipócrita, histérico, borrachín de su ego, fornicador de profesoras de Universidad -que ya veremos si cantan los cisnes al final o no, yo creo que sí, pues, fuentes me llegan que hay mucho material acumulado a punto de salir de los cojones, perdón, de las cajones-¿
Por tanto, hete aquí que el señorito/Barrio de Salamanca Pablo Casado es un acertadísimo Matrimonio entre el Cielo y el Infierno, tal y como lo escribió William Blake, visionario como yo, aunque mi tarot está embriagado por las 40 ginebras que me tengo que tomar para poder entender a William Blake. Pero sigamos que creo que voy bien: Este homo oeconomicus, más que delfín, ratoncillo Pérez de Josemari -quien todavía, insisto, nos debe una disculpa por matar irakíes inocentes- lo que está intentando es traernos de nuevo la opresión del mercantilismo a borbotones, la privatización de las partidas sociales, la defensa a ultranza del IBEX 35 y de los sistemas financieros, para regresar a las burbujas del cava español y en consecuencia volver a despertar la pobreza, los nuevos ricos de las tecnológicas, menos impuestos para darse de bueno y grande y libre, pero ocultando la verdad, esto es, que todo reformismo liberal acaba siempre en sus principios, que no son otros que los que escribió Blake: “Nubes hambrientas oscilan sobre el abismo”
Pablo Casado nos está engañando a todos, incluso a la pobrecita Soraya, que a ver dónde la colocamos después, es que si no se nos va a ir por ahí a bailar otra vez el “Azurro” partisano junto a Méndez de Vigo y Rajoy, que está de vacaciones. Veo a Pablo cantándole a Soraya: “Azzurro il pomeriggio è troppo azurro e lungo per me. Mi accorgo di non avere più risorse, senza di te. E allora…”, etc, etc. Pobre Soraya, de vicepresidenta a animadora de karaoke, qué lástima.
Pero, insisto, mucho ojito con Pablo Casado y su matrimonio con el cielo y el infierno. Quienes reprimen su deseo son aquellos cuyo deseo es bastante débil para poder ser reprimido. De este modo, el elemento restrictor o Razón usurpa el lugar del deseo y gobierna al abúlico. Y una vez reprimido, se vuelve gradualmente pasivo hasta no ser sino la sombra del deseo. La historia de esto se halla escrita en el Paraíso Perdido, y el Dominador o Razón se llama Mesías. Dijo Blake y sigue diciendo ahora advirtiendo a Pablo Casado de lo que le puede pasar si sigue con esta ambición de poder por alzar ese ego aprendido de Josemari. Todos los egos infernales se pegan, como la paella. Casado es el socarrat del arroz liberal de Churchill, le falta el sir. Solicito el ducado de Franco para él, pues ganas le tiene. Empecemos a firmar en Change.org. Yo, el primero.