Editorial

Nicaragua: el comunismo sin careta

EDITORIAL

Jueves 19 de julio de 2018

Tras la huida de Anastasio Somoza a Miami, la revolución sandinista se hizo con el poder en Nicaragua hace 39 años. El mundo entero celebró la derrota del sanguinario dictador, aclamada como la victoria de la libertad y la democracia. Pero al igual que en Cuba, cuando Fidel Castro derrocó a Batista, al llegar al poder, el comunismo superó al fascismo en reprimir a la oposición al instaurar un régimen totalitario y antidemocrático.

Daniel Ortega, uno de los cabecillas sandinistas que acabó con el régimen del dictador Somoza, fue presidente de Nicaragua entre 1979 y 1990 y volvió en 2007. Desde entonces, la oposición le acusa de haberse alejado del espíritu de aquella revolución y haber forjado un gobierno totalitario, represivo y clientelar.

Ahora se cumplen tres meses de las protestas contra el gobierno de Ortega por la reforma por decreto de la Seguridad Social. Tres meses de dura represión, de violencia del Ejército y de los paramilitares contra los ciudadanos que salieron a la calle a manifestarse contra la ley impuesta por el gobierno. El régimen comunista ya ha asesinado a más de 350 ciudadanos por el mero hecho de protestar por una medida que consideran injusta.

Al igual que Nicolás Maduro en Venezuela o los Castro en Cuba, al igual que Stalin en la antigua URSS, el comunismo siempre ha ejercido la represión aplicando el aparato del terror estatal para perpetuarse en el poder eliminando las instituciones democráticas.

En España, y en las democracias occidentales en general, los comunistas son aceptados como partidos democráticos. Los fascistas, sin embargo, están prohibidos o camuflados de xenófobos, como en Italia, Francia o Polonia. Pero cuando llegan al poder, tanto unos como otros se quitan la careta y descubren su verdadero rostro. En Nicaragua o en Venezuela, Maduro y Ortega asesinan o encarcelan a los opositores acusándoles de terroristas. En Italia, la Liga Norte deja morir a los inmigrantes que llegan en pateras antes de dejarles desembarcar en sus puertos y en Polonia o Austria expulsan a patadas a los refugiados. En España, Pedro Sánchez se obsesiona en exhumar los restos de Franco en el Valle de los Caídos, mientras regala a los comunistas de Podemos el control de RTVE.

Ya es hora de que las democracias occidentales equiparen al fascismo con el comunismo, las dos ideologías más letales en la Historia de la Humanidad. Stalin asesinó a más de cien millones de personas y el genocidio de Hitler superó los sesenta millones. Pero el Gobierno de Sánchez quiere prohibir la apología del franquismo, mientras gobierna apoyado por los comunistas de Podemos, los golpistas catalanes y los proetarras. El presidente del Gobierno debería mirar hacia Nicaragua para aprender cómo ejercen el poder los comunistas. De momento, Daniel Ortega ha asesinado a más de 350 personas, pero ha celebrado el aniversario de la revolución sandinista.