Después del tríptico alpino, el pelotón del Tour de Francia decidió tomarse un día de respiro. El esfuerzo pesa ya bastante en las piernas y aquellos que esperan acabar en lo alto de la clasificación general decidieron desentenderse del devenir de 169,5 kilómetros que la organización dispuso entre Bourg D'Oisans y Valence. Así, la decimotercera etapa se dirimiría entre los escapados y los escasos equipos que cuentan todavía con velocistas.
Pues bien, de esa batalla volvería a salir vencedor Peter Sagan. El corredor del Bora, vigente campeón mundial, firmó su triplete en esta edición de la Grande Boucle al imponerse en el último golpe de riñón a Alexander Kristoff (Katusha, campeón de Europa) y a Arnaud Demare (Groupama). El astro de 28 años, que tiene cristalino su paseo hasta París con el maillot verde tras la retirada de Fernando Gaviria, marcó un crono de 3h.45.55 y a una media de 45.02 kms/hora.
Resulta complicado entontrarle techo a un Sagan que un día antes, en la jornada que supuso la escabechina del Alpe D'Huez, anunciaba su divorcio. Su mentalidad y astucia para vivir en solitario las llegadas masivas, entre los trenes de los otros equipos, le destaca sobremanera con respecto al resto de competidores. Y más aún después del abandono del colombiano, de Greipel, Cavendish, Marcel Kittel y del joven Groenewegen, que ya había logrado dos etapas.
El eslovaco agolpa en su currículo once victorias parciales en el Tour, una cifra elitista. La de este viernes se cimentaría en un esfuerzo controlador de otros escuadrones para neytralizar la fuga tempranera de dos todoterreno como Scully (Education First), De Gendt (Lotto Soudal), Schär (BMC) y Claeys (Cofidis). Los esfuerzos de este grupeto les valdría sobrevivir durante gran parte del recorrido, aunque daría la impresión en el tramo postrero que el pelotón más bien jugaba con la desventaja, en lugar de afanarse en reducirla.
El Bora simplemente asomaría entre el esfuerzo del Groupama, que quería estrenar a Demare, y del UAE Emirates de Kristoff. Por el camino se vivió una marca histórica que tuvo a Sylvain Chavanel como protagonista. El corredor francés se convirtió en el segundo ciclista con más kilómetros en el Tour de Francia, repartidos en 18 ediciones. Al pasar por Vizille llegó a los 60.000 kilómetros, sólo superados por los 62.855 en los 16 Tours que completó Joop Zoetemelk (entre 1970 y 1986).
El caso es que sólo un demarraje en el grupo cabecero de Michael Schar inquietaría algo a la gran masa persecutoria. El suizo se marchó en solitario, disfrutando de su calidad en el rodar, mas no llegaría más allá de los 6 kilómetros previos a la meta. El influjo del Sky, que quiso tirar delante para evitar nervios y caídas hasta la zona de seguridad, lanzó una marcha que culminarían los equipos con aspirantes a ganar en Valence. Y Gilbert quiso aprovechar el curveo serpenteante de los kilómetros finales para superar al pelotón. Sin éxito.
Porque la tratativa del belga llegó en el último kilómetro y su ritmo no daría para saltarse el guión de los llegadores. El Groupama le cazó y colocó a Demare en posición de ganar. El francés lo buscó, con Kristoff a su rueda. Y Sagan irrumpió con la voracidaz que le caracteriza, rematando otra obra maestra de superviviencia solitaria. El nacido en Zilina había ganado en La Roche y en Quimper, pero sigue con hambre. Se sabe el patrón de esta carrera y alzó los brazos por octava vez en 2018.
Y lejos de esta pelea prosiguió el doble liderato del Sky, con Geraint Thomas 1.39 por delante de Chris Froome y 1.50 mejor que Tom Dumoulin. El británico y cuatro veces ganador del Tour exigió a la organización que cuidara a los ciclistas, tras la agresión sufrida en sus carnes y la padecida por Nibali, que le sacó de la carrera con una vértebra rota. "Durante la carrera, es responsabilidad del organizador proteger a los corredores. No es correcto que haya gente que se dedique a tocar o empujar a los ciclistas. Eso es algo que no queremos ver más", declaró y Preudomme, director del Tour, pidió calma y respeto a los espectadores.