El 5 de junio de 2014 la organización terrorista Estado Islámico lanzó una ofensiva arrolladora contra los ejércitos sirio e iraquí. Apenas una semana más tarde ya habían caído en su poder ciudades importantísimas como Mosul y Tikrit. A finales de junio controlaban la frontera de Irak con Siria y Jordania. El ejército iraquí se retiraba del Kurdistán mientras que la fuerza armada kurda -los “peshmergas”- libraban un combate a la desesperada. El aparato de reclutamiento de los terroristas funcionaba a pleno rendimiento. De todos los rincones del mundo islámico, así como desde Europa y América, llegaban jóvenes deseosos de alistarse en las filas de Abu Bakr al Baghdadi, que el 29 de junio de aquel año se autoproclamó califa en Mosul. Contra los chiíes, los kurdos, los yazidíes y los cristianos se desató un verdadero genocidio que los alcanzaría allí donde llegasen las banderas negras del DAESH. El combate contra esta organización se prolonga hasta nuestros días. A partir de 2016, las campañas de bombardeos de sendas coaliciones lideradas, respectivamente, por la Federación de Rusia y por los Estados Unidos, así como los avances por tierras de tropas combinadas de Irak y Siria, hicieron retroceder a los hombres de Al Baghdadi y fueron recuperando el territorio conquistado en los dos países por los terroristas. Como decía, aún se sigue combatiendo.
Ya es mucho lo que se conoce sobre el tiempo de terror que padecieron aquellos que sufrieron la tiranía del DAESH. Si la información que llegaba en 2014 y 2015 era aterradora, la que se ha ido conociendo a partir de 2016 la supera en espanto. Desde la financiación a través de la venta de órganos hasta los enterramientos en vida de civiles desarmados, las prácticas terroristas y genocidas de los yihadistas del DAESH han revelado el profundísimo sufrimiento del pueblo sirio y del pueblo iraquí a manos de estos terroristas.
Las informaciones periodísticas -noticias, reportajes, libros de actualidad- así como la literatura académica han ido analizando cómo fue posible el ascenso de una organización que, en sus orígenes, apenas tenía recursos para cometer pequeños delitos. Autores como Michael Weiss (“ISIS: Inside the Army of Terror”), Charles R. Lister (“The Syrian Jihad”) y Stern y Berger (ISIS: The State of Terror”) han ido estudiando a esta organización terrorista que recauda impuestos y trafica con petróleo, comete atentados terroristas con coches bomba y suicidas, pero también combate en campo abierto con artillería y morteros y vende como esclavos a los prisioneros que no mata.
Poco a poco, el tiempo del terror del DAESH ha ido entrando en el terreno de la ficción televisiva. En España, puede verse en Netflix la serie “Black Crows”, una producción de cinco países (Arabia Saudí, El Líbano, Egipto, Siria y Kuwait) que narra distintas historias en una ciudad ocupada por el DAESH. Es una narración coral donde los verdaderos protagonistas son las víctimas de los terroristas: los musulmanes, los yazidíes, los cristianos. Ningún horror se le ahorra al espectador. Hay escenas de gran violencia -el asesinato a sangre frías de mujeres y niños desarmados, por ejemplo- así como momentos que uno no puede ver sin sentir un nudo en la garganta. Ahí está esa pescadera a la que matan a tiros frente a su hijo o la joven a la que ya le han extirpado un riñón para venderlo y van a quitarle el segundo con la misma finalidad.
Entre todos los personajes, destaca un profesor de islam que ha ido al territorio del Estado Islámico en busca de su hija, que se escapó para unirse a ellos. Su mirada es la del musulmán moderado, heredero de la tradición humanista islámica y horrorizado por la blasfemia constante que suponen todos los crímenes que se cometen en el nombre de Alá, que es profanado por los terroristas cada vez que lo pronuncian. Una voz en off nos cuenta lo que piensa mientras contempla las atrocidades que diariamente perpetran los hombres y las mujeres del DAESH. A una señora acusada de brujería la lapidan. A un niño lo entierran vivo envuelto en una mortaja. Los médicos son forzados a extraer órganos en lugar de salvar vidas. Todo se narra en una ficción cuya realidad el espectador conoce.
“Black Crows” se estrenó el año pasado durante el mes de Ramadán, el tiempo sagrado para la purificación y la elevación espiritual. Tuvo gran impacto allí donde se estrenó. Ahora puede verse en España y realmente merece la pena. Nos recuerda que, como dice Jonathan Sacks, cuando los hombres matan en nombre de Dios, Él llora.
Si tienen la oportunidad, no se la pierdan.