Sánchez se mueve en la pura ideología. Ha dicho que Casado es un extremista peligroso y Rivera, su antiguo aliado para llegar al Gobierno frente a Rajoy, un tipo que rompe la unidad de España. Las barbaridades que dice este hombre empiezan a ser increíbles, vacías y ciegas hasta para su propia clientela. La podemización de este político le llevará pronto al abismo. Si alguien le quisiese un poco, le recomendaría que hiciese adelantar las elecciones para hacerlas coincidir con las andaluzas, pues que no creo que consiga más votos de los que tiene ahora. En otras palabras, cuanto más tiempo esté en el poder este gobierno, más votos perderá. Los fracasos de este gobierno empiezan a estar a la vista. Ostentación, engaño e ideología cubre la inoperancia de sus medias. Pronto, muy pronto, los fracasos de todas sus iniciativas se contará por cada uno de sus ministros. Al fracaso en la negociación con los separatistas, que sin duda será la primera causa para dejar el poder, habrá que unir el desastre de su política fiscal. Ni los currantes creen que la subida de impuestos a las sociedades mercantiles no tiene repercusión sobre sus economías.
En efecto, Sánchez seguirá esquilmando a las clases medias, siguiendo las tácticas de Montoro, pero sobre todo la subida de impuestos a las empresas mercantiles convertirá a este país en una caótica empresa de pobres. Sin embargo, su demagogia mantiene que subir los impuestos a las sociedades mercantiles no repercutirá en los asalariados. Mentira. Es imposible hablar en serio de "impuestos que no afecten a la economía" o de tributos que no golpeen a los trabajadores. Todos los impuestos sobre las empresas repercuten en los asalariados; sin embargo, el gobierno de Sánchez dice lo contrario.
Las cargas fiscales impuestas a las sociedades mercantiles redundan siempre en un golpe a los asalariados. Como explica en su libro, ¿Por qué soy liberal?, Diego Sánchez de la Cruz, los cuarenta y cinco estudios académicos más citados sobre el impacto real del Impuesto de Sociedades en el mundo desarrollado apuntan que el 60% de la carga ligada a dicho gravamen recae sobre los trabajadores, en forma de sueldos más bajos. Hay estimaciones aún más pesimistas que, no obstante, figuran entre las más reputadas dentro de esta materia de estudio. Según Diego Sánchez de la Cruz, los estudios de Desai, Foley y Hines, Arumpalan, los trabajados de Devereux y Maffini, los cálculos de Fuest, Peichl y Siegloch o las investigaciones de Aus dem Moore llegan a una misma conclusión: más que un 60%, la carga del Impuesto de Sociedades que las empresas trasladan a los sueldos de sus trabajadores ronda el 75%.
No es necesario comulgar con los principios neoliberales para saber que toda subida de impuestos repercute directa o indirectamente sobre los trabajadores. Todo irá, pues, a peor con el gobierno de Sánchez y sus aliados secesionistas. En fin, dicen los expertos que si se aplican las ocho propuestas tributarias que ha puesto encima de la mesa este Gobierno, los ingresos públicos aumentarían en 32.000 millones de euros cada año, deprimiendo un 2,85% el PIB.
Terribles son las medidas económicas que anuncia Sánchez, pero creo que es aún más grave que sólo en un mes la poca credibilidad que pudiera tener este gobierno ya la ha perdido. O vamos pronto a elecciones generales o el PSOE corre el riesgo de perder aún más escaños que en 2016.