Durante unas semanas ha funcionado el marketing y se han soportado las concesiones cada vez más abusivas. Con 84 escaños, cuando para alcanzar la mayoría parlamentaria resulta necesario llegar a los 176, solo se puede gobernar diciendo que sí a lo que pidan los grupos con capacidad para fracturar los proyectos del Gobierno e, incluso, provocar una moción de censura.
Pedro Sánchez pretende agotar la legislatura, pagando, como ha hecho hasta ahora, todas las facturas que le pasen. La fórmula le ha servido hoy para, después del fiasco anterior, instalar a la candidata amiga de Podemos, según algunos, en la cumbre de Televisión Española. Iglesias anunció hace unos días que Pedro Sánchez le había entregado la televisión conforme a los acuerdos establecidos para la moción de censura. El líder podemita gestionó 91 escaños y es el aliado clave del presidente socialista.
El techo de gasto engendra posiciones contradictorias y, por el momento, Pedro Sánchez no ha sido capaz de navegar en aguas tan turbulentas. El revolcón en el Congreso demuestra la extrema debilidad del Gobierno, que alienta como un enfermo en la UCI, entre una maraña de tubos y oxígenos.
Aunque el plan A del presidente del Gobierno es agotar la legislatura, tras acumular votos en la cesta socialista, el plan B, si le conducen al borde del abismo, podría significar la convocatoria de elecciones generales anticipadas, incluso al último domingo del próximo mes de octubre. Pedro Sánchez, después del mercadeo inicial y de las piruetas de imagen, se enfrenta ya con la dura realidad de depender de media docena de hirsutos grupos parlamentarios.