Editorial

Pedro Sánchez toca techo

EDITORIAL

Sábado 28 de julio de 2018

En poco más de dos meses en La Moncloa, Pedro Sánchez ha pretendido gobernar como si hubiera ganado las elecciones generales con mayoría absoluta. Se resiste a aceptar que solo cuenta con 84 escaños y que necesita a la extrema izquierda de Podemos y a los voraces separatistas para no salir zarandeado del Congreso de los Diputados. No es consciente que ha sido elegido presidente del Gobierno porque sus socios querían echar a Rajoy y no por sus méritos como estadista. Aguantará todo lo que pueda amarrado al poder, pero acaba de tocar techo. La tozuda fragilidad parlamentaria le ha estallado en la cara.

Pasará a los anales de la Carrera de San Jerónimo el batacazo que se ha llevado el Gobierno al perder abrumadoramente la votación del objetivo del déficit: los 84 raquíticos escaños a favor del PSOE contra los 173 del PP y Ciudadanos. Y sin el techo de gasto aprobado, el Ejecutivo no puede sacar adelante los Presupuestos. Cuando Rajoy negociaba con Ciudadanos y el PNV las cuentas del Estado, Pedro Sánchez le recomendó que si no aprobaba los PGE se sometiera a una moción de confianza o que adelantara las elecciones. Paradójicamente, el PP aprobó los Presupuestos y una semana después el líder del PSOE se convirtió en presidente del Gobierno prolongándolos.

Por mucha ilusión que le haga volar en avión oficial a Benicassim, corretear por los jardines de La Moncloa acompañado de su perrita o abrazarse a las farolas de los dirigentes internacionales, Pedro Sánchez debe afrontar la realidad. Sus “socios” le mantendrán en el machito, mientras les sea útil. Depende de Podemos, que como partido de extrema izquierda quiere triplicar el déficit para repartir prebendas aun a riesgo de arruinar España. Y también necesita los escaños de los separatistas catalanes, cuyas exigencias pasan por indultar a los presos políticos para acabar, como poco, exigiendo un referéndum de autodeterminación. Los secesionistas y los populistas, además, aprovecharán la debilidad del Gobierno para sus respectivas campañas electorales. El astuto Pablo Iglesias no da puntada sin hilo. De ahí, la trampa de Podemos al exigir un aumento del déficit de 15.000 millones frente a los 6.000 que pretendía el Gobierno. Pues en un caso, el Gobierno sería vapuleado en Bruselas y, en el otro, propiciaría, como así ha sido, las durísimas críticas del partido morado al Gobierno por olvidarse de “la agenda social”.

Pedro Sánchez solo pretende preparar las campañas electorales que se avecinan. Pero nada o muy poco va a conseguir con la debilidad parlamentaria del Gobierno. Si no quiere estrellarse, debería empezar a pensar en adelantar las elecciones. Todavía puede aprovechar el efecto de su victoria en la moción de censura.