Cuando Kawhi Leonard secó a LeBron James en las Finales de 2014, en las que sería designado como MVP, la timidez le podía. Su eclosión en ambas fases del juego como estrella de la liga sería posterior, pero ya entonces se desató el inesperado elemento diferencial de unos Spurs de juego colectivo y en el que Tim Duncan, Manu Ginóbili y Tony Parker jugarían sus últimos minitos en plenitud. Era la última gesta gloriosa de los tejanos, el último anillo y la venganza ante los Heat -que les habían ganado en las Finales de la temporada anterior- Todo ello con Leonard llamando a la puerta de la relevancia.
Su crecimiento en los años posteriores le catapultaron, con dos premios como Jugador Defensivo del Año y una candidatura seria al MVP. Entonces su trayectoria deportiva no paraba de crecer y ya gozaba del estatus del mejor jugador en lo que se refiere al rendimiento en ambos aros. Kawhi, el chicho críptico que Gregg Popovich mimó hasta darle la aternativa con astuta inteligencia se confirmó como la piedra angular de la transición que la franquicia de San Antonio estaba obligada a acometer en el eclipse de su eterno Big Three.
Entonces arribaría una lesión en el cuádriceps (atrofia muscular versus tendinopatía) que, a fin de cuentas, sólo le permitió jugar ocho partidos en el curso 2017-18. Durante meses, el jugador y su agente estuvieron solicitando segundas opciones, contra el criterio de los médicos de su equipo. Y la situación empezó a resultar sospechosa para la cúpula de la franquicia cuando se le dio el alta médica a Leonard y éste se declaraba no apto. No volvería a jugar, dejando a sus compañeros mutilados en la pelea por lo playoffs.
Ocurrió que la rumorología hablaba con vehemencia creciente sobre la posibilidad de la intención de cambiar de aires de un jugador que no iba a responder al perfil bajo que aparentaba. Su entrenador y compañeros no sabían qué pensar. ¿Se habría convertido el chico tímido y criado en el altruismo de ese camarín en un individualista que buscaba mercados más amplios y más millones de dólares? Esa duda no desaparecería hasta que el propio Kawhi pidió ser traspasado. "Todos desearíamos que las cosas hubieran sido diferentes", resumió el mánager general de los tejanos, R.C. Buford.
El entrenador Popovich ha sido muy prudente a la hora de revelar la realidad de la tesitura cuando todavía estaban compitiendo. "No sé cuando él y su grupo van a sentir qué están listos para regresar. Si lo supiera, estaría ya aquí", tiró públicamente en la recta final de la temporada regular. La presión ya habóia tocado techo y el jugador quiso apagar el incendio ejecutando una inusual intervención ante los medios para declarar su amor a los Spurs. Antes de que Tony Parker le clavara este puñal: "Tuve su misma lesión, pero 100 veces peor". La percepción del compromiso de Leonard en el vestuario se había esfumado.
Aún así, en marzo los jugadores se reunieron con Kawhi para hacerle ver que le necesitaban para entrar en playoffs. Para tratar de convencerle que cejara en su pulso a la franquicia para echar una mano a sus homólogos. En ese mes ya se habían filtrado los desacuerdos entre el alero y la cúpula tejana. "Haré lo que sea por todos los que estáis en esta habitación, pero no por esta organización", respondió Leonard, según ha publicado la ESPN. Aunque tampoco lo cumpliría, pues no estuvo en el banquillo acompañando en los partidos. Y es posible que esa información llegara también a Buford, pues decidideron aceptar su petición de traspaso. Pero en lugar de mandarle a Los Ángeles -dónde anhelaba aterrizar- le mandaron a Canadá.
Semanas antes, el San Antonio Express-News explicó que el ego de estrella de Leonard brotó a partir del All Star de 2016, el primero al que fue invitado. Precisamente en Toronto comprendió que su estatus no era comparable al de jugadores como Russel Westbrook, que no han ganado un anillo ni salido MVP de unas Finales. Asimismo, su viaje a China en 2017, en el que se dio un baño de masas, le confirmó que nevesitaba jugar en una franquicia más pomposa para acercarse a ese lugar distinguido que no iba a encontrar en San Antonio, por la idiosincrasia del club. Según esta publicación, Dennis Robertson, su tío y agente, rechazaría 20 millones con Jordan Brand. Una muestra de la ambición creciente que acabó por aislar a su sobrino. Su relanzamiento habrá de empezar como miembro de los Raptors. La jugada les ha salido mal.
Finalmente, la actualidad de la NBA ha reportado una renovación tracsendente. Es la firmada por los Rockets y Clint Capela, el pívot de enomre potencial que apuntala las opciones de los tejanos de aspirar al anillo de nuevo. El suizo ha firmado una extensión de cinco temporadas y 90 millones de dólares, teniendo que resignarse a no alcanzar las cifras de otros pívots de la liga como Steven Adams (los Thunder le dan 100 millones en cuatro años) y Rudy Gobert (los Jazz le renovaron por 102 millones en cuatro años). De este modo los de Houston han amarrado a su columna vertebral, después de ampliar el acuerdo con Chris Paul (ontrato máximo de cuatro años y 160 millones de dólares) y con James Harden (cuatro años y 228 millones de dólares).