Sociedad

Cincuenta años de la muerte de un gran hombre

CRÓNICA RELIGIOSA

Rafael Ortega | Domingo 29 de julio de 2018

Este sábado se han cumplido 50 años de la muerte del cardenal Ángel Herrera Oria, un gran hombre con una personalidad fuera de común al que hacer unos día califiqué en un artículo publicado en la revista Vida Nueva como “formador de hombres y forjador de instituciones”.

Herrera Oria fue un hombre fundamental en la historia contemporánea de nuestro país, con tres ejes principales: el apostolado, la información y la educación y como unión de los tres, España.

Recuerdo aquí las palabras de otra gran personalidad, Francisco Cambó, que dijo sobre Herrera Oria, poco antes de que fuese ordenado sacerdote: “Curioso destino el de este hombre. Dotado de enormes cualidades para la acción, como el talento, dotes de seducción, abnegación, conocimiento de los hombres…, las consagró todas a crear en España unas derechas tolerantes, cultivadas, sinceramente católicas y caritativamente generosas y humanas. Él trabajaba para la convivencia en el mutuo respeto de todos los españoles. Era comprensivo ante todos los problemas, especialmente los regionales y sociales. La guerra civil significó el fracaso total de su obra. Por fortuna para él, antes de que se produjera el cataclismo, tenía ya emprendida la carrera del sacerdocio para consagrase integramente a Dios”.

Hoy, en este tiempo que no ha tocado vivir, el cardenal Herrera Oria trabajaría también para la convivencia en el mutuo respeto de todos los españoles, siendo comprensivo ante todos los problemas.

Creo sinceramente que Herrera Oria fue un hombre visionario que quiso preparar a hombres para la misión tan delicada que entonces vivía nuestro país, y que ahora se repite, y que está de plena actualidad con una Asociación Católica de Propagandistas que debe estar más atenta que nunca a los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad. Es un gran reto, que seguro, Herrera Oria aceptaría de buena gana.

El cardenal Herrera Oria prefirió sacrificar su brillante carrera profesional para obedecer a quienes le encargaron finalidades apostólicas. Por eso en sus 24 años como Presidente dela Asociación Católica de Propagandistas quiso que el carisma de esta institución no se perdiera en inútiles manifestaciones y que había que actuar con plena fidelidad a la Iglesia y servirla como ella quiere ser servida, con independencia, eso sí, como asociación privada, sin delegación ni mandato de la Jerarquía.

Hoy, a los cincuenta años de su muerte, la figura de Herrera Oria sigue ahí, presente, para levantar de la siesta a muchos que han olvidado la labor de un gran hombre.