Román Cendoya | Lunes 21 de julio de 2008
Montilla ha sometido a una inolvidable humillación a Zapatero. Todo el discurso del proyecto de Rodríguez, en el 37 Congreso del PSOE, ha resultado machacado por las exigencias del socio de la coalición gubernamental. Zapatero, imbuido de su peligroso mesianismo, afirmó en su descacharrante discurso que su proyecto “va más allá de la alternancia”, “el gobierno es el instrumento” y “el gobierno es el camino” para instalar en la sociedad “valores humanos sobre el dinero y el poder”. Todo falso. Lo único que le preocupa a Rodríguez es el poder. El Congreso del PSC lo ha puesto en evidencia. Rodríguez traga cualquier cosa por mantener el poder. Montilla le ha dicho a Zapatero, con una sonrisa tan expresiva que escenificaba que se reía de él, que Cataluña quiere más dinero y más poder. O sea, que le ha dicho a Zapatero que mantenerse en el poder cuesta olvidarse de los valores humanos para que prevalezcan el poder y el dinero. Típico de esta izquierda sin principios. Montilla quiere a Zapatero, lo ha dicho, “quien bien te quiere te hará sufrir”. ¿Cómo no va a quererlo si le está permitiendo todo y más? ¿Cómo no va a querer a Rodríguez si le aprueba trasvases del Ebro, defiende el anticonstitucional Estatut, se enfrenta al resto de los españoles ante la ilegalidad de la inmersión lingüística de Cataluña o se carga la justicia social y la solidaridad financiera entre los territorios de España?
Zapatero es el “tonto útil” del proyecto de poder de Montilla y ERC. Cada frase cariñosa era una humillación. José Luis, que tiene un ego que le desborda y que necesita que hombres y mujeres lo quieran, admiren y adulen, ha tenido que aguantar que le digan a la cara eso de “los socialistas catalanes te queremos, te queremos mucho, pero aún queremos más a Cataluña y a sus ciudadanos". O sea, que no le quieren nada excepto por lo que le sacan a cambio de permanecer en el poder. Rodríguez lo sabe y sonríe. Es un buen cambio para él y para Montilla. Este gobierno de coalición es pésimo para el presente y el futuro de España.
Montilla se siente fuerte y poderoso. Sabe que tiene cogido a Zapatero por el grupo parlamentario. Quiere cobrarse su poder con creces. El próximo pago es la financiación “una responsabilidad ineludible”. Por eso no ha dudado en marcar las reglas: "buscaremos el acuerdo, pero no a cualquier precio, pues sería malo para Cataluña". Un acuerdo que parece lejano y difícil: "Las primeras notas de la música de la financiación no nos han gustado, pero esperamos a las siguientes y a la letra". Pero lo que se acuerde tiene que encajar en “la partitura del Estatut”. Y por si Zapatero titubea, Montilla ha dejado claro que el Estatut es el pacto, “la partitura”, que recordó que es "la mía y la tuya, la que tú votaste”. A Zapatero no le duele pagárselo porque lo pagamos los ciudadanos. Eso sí, en la historia quedará como el personaje que destrozó la unidad de España y provocó la insolidaridad entre sus ciudadanos. Montilla tiene claro a quién tiene delante y cómo tiene que tratarlo. "Cataluña puede negociar, pero no para que todo quede igual” y Zapatero lo hará, como ya hizo en la pasada legislatura cuando pactaba con los terroristas llamar accidente a los atentados o tildar de hombres de paz a Otegui o De Juana. Zapatero gobierna España en coalición con el PSC. Rodríguez se somete a la voluntad de Montilla y por él estamos sometidos todos los españoles.
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