Editorial

Pedro Sánchez, responsable de la avalancha de pateras

EDITORIAL

Martes 31 de julio de 2018

Después del efecto llamada que se produjo por la mediática acogida en el puerto de Valencia del Aquarius, resulta inadmisible que el Gobierno culpe ahora a Rajoy de la aguda crisis migratoria que padece España, de la interminable avalancha de pateras que atracan estos días en nuestras costas y de las decenas de miles de subsaharianos que desbordan los centros de acogida. Los gestos para la galería de Pedro Sánchez han convertido España en el paraíso de los desesperados que arriesgan sus vidas extorsionados por las mafias para llegar a la tierra prometida. Tiene razón, en cambio, el presidente del Gobierno cuando reclama la ayuda económica (35.000 euros) y política de la UE para hacer frente a la tragedia de esos hombres que atraviesan el mar en condiciones infrahumanas. Sin duda, se trata de una tragedia que afecta a Europa y a sus fronteras, pero los dirigentes continentales tienen que llegar a acuerdos que sean cumplidos por todos los países. El problema no se resuelve con decisiones unilaterales como España acogiendo a todos los barcos y pateras que deambulan por el Mediterráneo, mientras Italia los expulsa.

Como comentábamos en esta sección hace mes y medio, la mayor amenaza para la estabilidad y el futuro de la UE reside en abordar, regular y planificar el creciente flujo de inmigrantes que intenta colarse ilegalmente en el continente. El fulgurante ascenso de los partidos xenófobos obedece a la entrada indiscriminada y sin control de cientos de miles de africanos. La política migratoria europea tiene que respetar los derechos humanos de los hombres, mujeres y niños que a la desesperada y jugándose la vida intentan atravesar el mar en embarcaciones destartaladas, colarse por las fronteras en el maletero de los coches o saltando vallas cuajadas de púas. Pero si Europa no regula las incontables avalanchas de inmigrantes, esos partidos xenófobos que quieren cuartear la Unión Europea, terminarán gobernando y desestabilizando el continente. Acaba de ocurrir en Italia, en Hungría, en Polonia. Y en Holanda, Dinamarca y Alemania ya suponen un riesgo.

La UE tiene que diseñar con urgencia una estrategia para abordar este problema. Primero, hay que exigir la solidaridad de los países del norte, pues son los del sur los que sufren los desembarcos indiscriminados. Hay que definir el número de inmigrantes que Europa puede acoger, asignar unas cuotas de refugiados que los países están obligados a cumplir y estudiar fórmulas para ayudarles a integrarse. Simultáneamente, hay que multiplicar las ayudas a los países de origen de los inmigrantes para evitar que, en especial los subsaharianos, huyan de la miseria o de las guerras tribales dispuestos a arriesgar sus vidas para salir del infierno.

Pedro Sánchez no puede insultar a Pablo Casado ni a Albert Rivera por acusarle de provocar el efecto llamada, pues no les falta razón. Ahora, además de reclamar ayuda a la UE, el presidente del Gobierno tiene que resolver la llegada indiscriminada de pateras a nuestras costas y aliviar la inhumana situación de los migrantes que se hacinan en los centros de acogida, como ha denunciado la Guardia Civil. Ni la culpa es de Rajoy, ni los líderes del PP y de Ciudadanos son xenófobos por alertar del problema. Un problema que debe abordar el presidente del Gobierno antes de echar balones fuera. Los gestos para la galería tiene consecuencias.