Estamos de enhorabuena. En Marte hay agua, según la NASA. Uno se queda más tranquilo si se mira de reojo a unos cuantos pueblos de la comarca del Condado (Jaén) que han estado más de tres semanas sin agua potable. Ocuparse en preocuparse no es bueno para la salud, ahora bien, pretender beber hoy del líquido elemento que el planeta rojo alberga, estando a poco más de 225 millones de kilómetros de Santisteban del Puerto, no parece ser tarea de fácil solución.
Son unas 23.000 personas las que se han encontrado sin agua del grifo desde el 13 de julio por la aparición de una sustancia cancerígena en el embalse que abastece la comarca del Condado, en Jaén. Preciosa zona, por cierto, situada en las estribaciones de Sierra Morena, en donde los atardeceres desde el Mirador de la Guaría mezclan las puestas de sol con los aromas del Alamoraduz, pero el problema es que a la política dineraria de este país le importa un carajo el bienestar de los pueblos y la de sus honradas gentes. En concreto, los núcleos de población afectados son los de Montizón, Aldeahermosa, Venta de los Santos, Chiclana de Segura, El Campillo, Camporredondo, Los Mochuelos, Santisteban del Puerto, Navas de San Juan, Castellar, Sorihuela del Guadalimar, Arquillos y El Porrosillo. Para que ahora venga la NASA y lo cuente.
Vergüenza del siglo XXI, porque mientras algunos se frotan las manos con el agua de Marte, otros, a buen seguro, flirtean más bien indiferentes con el agua contaminada de trihalometano, compuesto que, al parecer, se genera durante el proceso de potabilización del agua en el pantano del Dañador. Aquí y ahora no es un problema de sequía, es una larga desidia por parte de cuantos gobiernos autonómicos y centrales hacen la vista gorda tratándonos al pueblo llano como si de experimentos de laboratorio se tratase. El problema no es de ayer, viene siéndolo desde hace años y a día de hoy el Ministerio de Medioambiente en vez de haber creado una planta de tratamiento de agua de calidad, con abundancia y garantías de salubridad, lo único que hay son parches y camiones cisternas como recurso de un tercer mundo.
El siglo XXI no es un capricho de nadie, es por sí solo una obligación para dotar de infraestructuras a quienes por obligaciones y derechos rendimos pleitesía a tantos como nos representan en las Cámaras, que por otra parte son los obligados en cuidar de nuestro bienestar, tanto en la salud como en la enfermedad. Hay dinero para cuanto se quiera y cuanto se precise porque este país no hay día en que el baile de los millones no sea noticia, bien por la corrupción de unos, por el favoritismo y el amiguismo o por el delinque de otros. Como bien expresa Paulo Coelho: “Cuando un político dice que acabará con la pobreza, se refiere a la suya”
Me parece importante que la ciencia investigue y descubra el más allá, faltaría más, ahora bien, si con la desvergüenza que caracteriza a una buena parte de quienes toman decisiones tratan de ignorar la realidad manifiesta de un problema tan serio como el que atenta a la salud pública, hay que pensar que estamos en manos de unos inconsecuentes, sean del partido político que sean. La cosa no tiene ni pizca de gracia.
De promesas incumplidas nada que no sepamos. Casi todo gira alrededor del interés que se despierte aunque otros lo llamen alarma social, y es que la cosa del agua potable por estas soberanas tierras de jaeneros o jienenses viene de antiguo al igual que la búsqueda de la verdad. Difícil empresa ésta pues ya a mediados del siglo XIII el clérigo y trovador gallego Airas Nunes lo puso de manifiesto en una de sus famosas cántigas: “Como en el mundo disminuyó la verdad, un día intenté ir a buscarla/y, donde por ella fui preguntando/todos me decían: “Buscadla en otra parte, /pues de tal modo se perdió/ que no podemos tener noticias de ella, ni está ya en la vecindad”
Razones no le faltaban al clérigo y es que el español cuando canta, algo tiene en la garganta. En este caso una presunta sustancia cancerígena a través del grifo de casa. Casi nada.