Opinión

La santísima trinidad del actual articulismo español

TRIBUNA

Emilio Arnao | Miércoles 08 de agosto de 2018

Cuando murió Paco Umbral –al que tuve la suerte de conocer personalmente y debo decir que me trató bastante bien- en aquel aciago día del 28 de agosto de 2007 –sigo manteniendo que Umbral se fue por culpa de una negligencia médica en el hospital de Montepríncipe en Boadilla del Monte- yo estaba ingresado en el hospital de Requena, pueblo de la Valencia castellana desde donde hoy mismo escribo. Debo denunciar aquí que me descolocó bastante darme cuenta que en casi todos los periódicos de tirada nacional de cierto prestigio, menos en El Mundo, sacaron al día siguiente en portada la fotografía de un futbolista muerto de infarto del Sevilla fc. La muerte de Umbral sólo ocupó un pequeño recuadro en las noticias del día. Así España trata a sus maestros fiambres. Lo mismo pasó con Cervantes y con toda la ristra hasta llegar a Galdós. El fútbol es la cultura diastrática de este nación, por eso somos tierra de conejos.

Ha pasado más de una década y así sigue siendo el periodismo español. Pero vayamos a sacar a los muertos o a los vivos de la Laguna Estigia. Para mí –dentro del articulismo español contemporáneo- existe lo que yo vengo a llamar quizá exageradamente y sin una pizca de gracia una Santísima Trinidad como dogma de la escritura en prensa en tres personas distintas o hipóstasis: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Padre, no como Dios, pero sí como algo de clochard dandy divino estaría personificado en esa gran trayectoria tanto literaria como vital y ante todo periodística que fue Umbral, por mucho que a muchos –quizá demasiados ya- aún les pese. Umbral dio al periodismo del artículo de opinión –se vanagloriaba de nunca haber dado una sola noticia- o del columnismo o del articulismo o de la opinión en prensa o como ustedes quieran llamarlo todo un latigazo sabrosón, directo y original. Dicen algunos que venía de Ruano –nadie duda ya que les unía la amistad de Teide-, pero Umbral cruzó ese paso de cebra más libre y con mayor pugna y estigma que el gran César. Cuando F.U. llega desde Zamora –que no desde Valladolid como dicen algunos hagiógrafos, pues vino desde allí porque estaba entonces como locutor radiofónico: la voz, la voz, siempre la voz- a Madrid la prensa decente sólo era la que hacía reír, La Codorniz y por ahí, todo lo demás rilaba lo chabacano, lo repetitivo, lo taurómaco, lo azoriniano, un pastelito de cagaleras del Antiguo Régimen.

Umbral bebe sólo leche y comienza a hacer lirismo con el folklore madridís o con las marquesas de los hipódromos, desbancando ya para siempre esa jerga costumbrista que nos venía como pelagatos de Mesonero Romanos. Umbral se inventa el nuevo articulismo y en su globo aerostático alza los vespertinos para ver mejor el Madrid desde lo alto. Es su particular Travesía de Madrid. Con el acnés de su robusta palabra y su ironía provinciana que le había enseñado Delibes va subiendo peldaños de periódico en periódico hasta convertirse en el articulista discutido pero indiscutible, algo así como lo intocable a quien todo dios le daba hostias. Los fascistas italianos en la Cervecería Alemana.

El mito Umbral se dispara cuando se pone en plan hebreo y recibe la ancha luz de Jonás dentro de la ballena por entender que en lo anglófilo es donde verdaderamente se hace un periodismo literario. Pedrojota, que es un lince para el comercialismo del periodismo, lo ficha en 1989 para la puesta de largo de El Mundo. Pedro y Paco se convierten en algo así como Tip y Coll pero con más risa y con más cinismo y golpes certeros a los demonios interiores de la política, de la corrupción, de la sociedad convulsa, de las guerras internas y externas de este españolismo cutre y macarra que siempre ha acabado en la muerte de un viajante. Cuando a Umbral le ataca el Parkinson es su señora María España la que le escribe los artículos mientras él a viva voz los dicta, casi hasta el mismo momento de su muerte.

Muerto Umbral, por El Mundo ya hacía muchos años que descollaba la figura siempre enigmática de Raúl del Pozo con su La grada de los leones. Raúl venía como quincallero de Mariana, un poblachón guasón de Cuenca. Pedrojota, el Francis Drake del periodismo europeo, lo coge para ocupar el puesto de las negritas de Umbral y hasta hoy. Del Pozo es un ruso sin la URSS que maneja demasiado estupendo el verbo asirio, dándole a sus columnas un especial estilismo que poco tiene que ver con el umbralismo –quizá algún guiño, poca cosa más-. Umbral y Del Pozo entraban del brazo en la cafetería del Congreso y nadie sabía quién de los dos era Marylin. Raúl sale de Caín y por eso se merece ser el Hijo de la Trinidad, pues lo cainita siempre ha estado en existencialista y Raúl, muy sartriano en lo vital y en lo reflexivo, nos desborda siempre con sus páginas a partir de esa inmensa cultura que en su adolescencia/juventud le inyectaron, cual morfina u opio, sus propias ranas mágicas.

Del Pozo tiene algo de arábigo, pues leyó muy bien a Averroes, y todos sabemos que los que creen en Alá hacen mezquitas que son palabras: las palabras de los pozos del agua bella y bellaca. Raúl hoy es ya el Oráculo de Delfos, un socrático irónico que en vez de cicuta le da al whisky –cada vez menos- siempre después de Casa Lucio. Allí estuvimos una vez todos juntos con unos amigos y recuerdo que Raúl me decía: “bebe vino, Arnao, bebe vino, hostias, que el vino lo trajeron los judíos”.

Adoro a Raúl, pero últimamente me pone los cuernos con el que faltaba para completar esta Divina Comedia trinitaria, padre, hijo y espíritu santo. Yo no sé si tiene espíritu, gula, mala sombra o elegancia, pero el malagueño Jesús Nieto Jurado recorre España cada día en bicicleta, como hacía Cioran por las Francias. Nieto es lo más joven del triplete, pero va como acelerado de terribilidad o de reconquista cristiana. Nieto es rabioso, chancho, secajo, diamante y la nueva curranda del Madrid más actualísimo. Va en El Español, pero también en El Sur y en el Norte de Castilla más velocísimas colaboraciones de norte a sur de diente a muela o de la Cibeles a la Barna de Colau. A Ada la tiene frita con su bellísima orfebrería de pólvora o de armas líricas de destrucción masiva. Nieto Jurado es la niña bonita del articulismo actual español, un chisgarabís, un bisonte frontal, un tomajonazo del politicismo hispánico. Yo creo que no escribe con ideas, sino que son las ideas las que le escriben a él. Definitivamente es un Walt Whitman que lo mismo hace oro con un palabro que un pescaíto frito con una hostia en cualquier entrepierna.

Tiene los testículos cuadrados Nieto J. y yo creo que escribe los artículos montado en bicicleta escuchando con los cascos a Sed Vicious y siempre sin sillín, así le sale de anal el vocablo, la risa, la metáfora tecnológica, su jerga personal que andando andando andando el tiempo puede crear un Nuevo Curso de Lingüística General en su Madrid enfermo, pegote, fardón, matarile, el año de la rubia, Chiquito de la Calzada, judío u jodío. A veces se empalma cuando pone el punto y final a esta crónica negra que es España. A veces le he oído contar chistes en arameo.