Tanto el PSOE, como Ciudadanos, como algún pepero recalcitrante, como ciertos medios de comunicación, han convertido la tradicional serpiente de verano en un miserable pretexto para golpear hasta la náusea a Pablo Casado. El nuevo presidente del Partido Popular ha levantado ilusiones, ha despertado esperanzas, ha recuperado votos y ha enterrado los aspectos negativos de la gestión Rajoy.
A sus rivales les produce pavor el éxito de Pablo Casado y están aprovechando una cuestión menor para cargar las tintas contra el joven líder popular en un esfuerzo deleznable para devastar su figura política. En el entorno de Génova se muestran completamente tranquilos, aseguran que la instrucción de la juez es muy endeble y lamentan, eso sí, la histérica politización de una cuestión que, en sí misma, carece de importancia.
En todo este asunto, lo que ha caracterizado a Pablo Casado es la serenidad, la inmediatez en la respuesta y la exhibición de documentos convincentes. Se cree con fundamento que el Tribunal Supremo pondrá las cosas en su sitio y Pablo Casado saldrá robustecido de la embestida con la que se pretende cornearle. Su viaje a Colombia ha resultado un completo éxito y ha ofrecido una excelente imagen de política seria y coherente.
No hay espadas en alto. Hay navajas cachicuernas esgrimidas en la oscuridad aprovechando el paréntesis canicular. El próximo curso político se anticipa caliente y se hacen apuestas sobre el tiempo que podrá resistir Pedro Sánchez sin convocar elecciones.