Opinión

Barcelona, la nada

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 18 de agosto de 2018

Miseria sobre miseria. La conmemoración de las víctimas del atentado del 17 de agosto 2017 fue un mero pretexto para las algaradas separatistas. Fue una demostración de mal gusto de sus organizadores. No quieren ver la realidad: pocos quieren visitar Barcelona. Los testimonios de los vendedores que mantienen sus negocios en la Rambla dicen que nunca les ha ido tan mal como este año. No es sorprendente. Hasta las estadísticas señalan la caída del número de los visitantes casi a la mitad. Sin embargo, estos datos alarmantes en los medios de comunicación salen mitigados inmediatamente por las palabras de visitantes tercos que van a venir a Barcelona pase lo que pase. La indignación de las asociaciones de las víctimas quedó oculta por la palabrería de los periódicos. El País parece haber movilizado a todos los columnistas disponibles en agosto para alabar Barcelona, la capital de provincia que no acepta su destino. “La ciudad prodigiosa”, dicen…

Si abrimos bien los ojos vemos que en Barcelona hay de todo, menos prodigios. Las poesías y música, elegidas para el caso, no han podido con la mezquindad de los políticos. Los separatistas han elegido este acto para reiterar sus poquitas “ideas”. Son pocas, pero muy claras. Los CDR empezaron a actuar antes del acto de homenaje provocando y gritando los lemas de siempre. Como mínimo dos pancartas de impresionante tamaño han sido exhibidas durante el homenaje. Todo esto demuestra con creces que los radicales y separatistas son dueños definitivos de las instituciones y del espacio público. No son la mayoría, ni tienen más fuerza, pero sí tienen las cosas muy claras. Mantienen la sociedad catalana, es decir española y mestiza (ya que insisten tanto en su diversidad), en constante amenaza, tiene atemorizados a los ciudadanos y les indican que mantengan un perfil bajo si quieren evitar problemas en el trabajo, en las instituciones, en los colegios. Si alguien dice algo contra los separatistas, dicen eso matones, se volverá en contra suya.

La sociedad no ideologizada se refugia en silencio, ya que las voces de los partidos políticos que los representan, suenan bastante apagadas. Lo que dicen Casado o Arrimadas allí queda, como promesas del incierto futuro “autonómico”, donde todos nos llevaremos muy bien. No condenan la violencia institucionalizada en Cataluña. El desamparo es lo que sienten los ciudadanos no violentos, mientras los separatistas tienen simpatizantes hasta en Moncloa. ¿Qué otra explicación hay para el twit de Sánchez en catalán sin la bandera de España? La profunda simpatía para no herir la sensibilidad de los del “procés”. Al fin y al cabo, son sus compañeros de negocios. Es una lástima que un gobierno tras otro crean que los ciudadanos somos unos lelos y no nos damos cuenta de nada.

Lo único que le dio cierta entidad al acto fue la presencia del Rey. El Jefe del Estado aguantó estoicamente las pancartas contra su presencia. Todas rotuladas en inglés. ¿El mensaje dirigido al mundo en general o a Teresa May en particular? Al final, nunca se sabe lo que se les ocurre a los separatistas, conociendo las andanzas catalanas en busca del soberano que sucedió hace unos siglos. Las enormes pancartas no han sido retiradas, poniendo en jaque la seguridad y mostrando otra vez que los cuerpos de seguridad del Estado están ausentes. Los mossos hacen su trabajo como pueden, es decir mal. No puede ser de otra manera cuando uno quiere agradar a los separatistas que los contratan y al estado central que le ingresa la nómina. Aluden que la retirada de las pancartas por vía administrativa dependía del Ayuntamiento, que no se pronunció. ¿Acaso no había otras vías para retirar estos insultos al “seny”? Tampoco se ha actuado contra el racista Torra que asistió la concentración frente a la prisión Lledoners, donde pasan sus días los ex-consejeros y entre ellos el ex-consejero de Interior Joaquim Forn, responsable directo o indirecto de la deficiente investigación y de la no prevención del ataque 17A. Un verdadero insulto a las víctimas.