Opinión

Ni una palabra más

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Viernes 24 de agosto de 2018

La tesis según la cual las palabras no delinquen constituye la más vulgar expresión de una posición idealista insostenible e intolerable. La tesis de que una palabra no es un ataque no sólo es falsa, sino tan grosera que produce vergüenza ajena. Diré simplemente que se me ocurren unas cuantas palabras, cada una de las cuales ofendería (es decir, atacaría) profundamente a la Sra. Vicepresidenta del gobierno, que expresó días atrás la grotesca tesis gubernamental. Decir que ha de atacarse al Estado es atacar al Estado, tanto más cuando quien profiere la frase ocupa el cargo institucional de Presidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Y mientras niegan eficacia, es decir, realidad a las palabras pretenden evitar lo que llaman una “escalada verbal” negando con lo mismo su posición de partida. En efecto, nada habría que temer de semejante “escalada verbal” si las palabras fueran hueros flatus vocis, digamos “golpes de viento” o, para acabar de vaciarlas de contenido agresivo, ni siquiera “golpes” sino “movimientos del aire”.

No dejará de preocupar a todos los que depositan su confianza en la política parlamentaria que los mismos señores que habitan la institución desprecien hasta tal punto la realidad del verbo. ¿Qué podemos esperar de unos parlamentarios que creen que el parlamento es el ejercicio inocuo y vacío de un intercambio de sonidos vanos e ineficaces? Su hablar es un hablar por hablar o un hablar para no decir nada lo cual es algo sumamente difícil que, sin embargo, se empeñan en realizar nuestros ínclitos parlamentarios. Los ataques y defensas que tienen lugar en el parlamento quieren ser esgrima de salón, un juego cortesano que terminaría siempre con un saludo formal e incruento.

Y para dejarse de palabras se redactan con cierta premura unas cuantas. Esta semana se publicó un Decreto Ley que permite exhumar los restos de Francisco Franco, el muerto más citado y activo de la historia de España. Sin duda el estado de emergencia en el que vivimos ha obligado al gobierno a dar el paso. Supongo que le buscaran descanso eterno en algún camposanto catalán, a la espera de que esas reliquias obren el milagro de la integración nacional. La tumba que, como suelen las tumbas, está envuelta en silencio ofendía al parecer más directamente que las palabras de Quim Torra. No cabe duda de que el publicista de la Moncloa sabe carear a sus ilustrados votantes. Por el arte de birlibirloque se esconde una ofensa y se muestra otra, nada nos ofende el ataque de Torra pero es intolerable el clamoroso silencio de la tumba. Muchos olvidan que junto a Franco yace una víctima bien documentada de la guerra civil, cuyo nombre se silencia cuando no se asocia a palabras ofensivas. José Antonio Primo de Rivera será reubicado para negar todo relieve a su figura. Un acto quizás innecesario dada la absoluta ignorancia con que se recibe su nombre entre el electorado. Este traslado se hará en silencio porque hay que evitar que los españoles quieran conocer a este incómodo acompañante, incapaz de encontrar profundo descanso.

Pero estos movimientos de cadáveres que pudieran parecer una maniobra de diversión orientada a distraer la atención del foco real del conflicto, tienen – por el contrario – una importancia fundamental. Mover cadáveres podría parecer el modo que el publicista tiene de hacer historia, pero no se olvide que esos movimientos sólo tienen sentido en un proceso de re-significación del conjunto monumental del Valle de los Caídos, cuyo centro es una basílica católica amparada por un monasterio. A poca distancia se encuentra otro monasterio con su basílica, el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, vinculado a otro momento de la historia de España que también algunos quieren re-significar. Hará una semana que desde Podemos se exigía que España pidiera perdón por sus crímenes coloniales y esclavistas.

Re-significación: una operación delicada que no es sólo cuestión de palabras, porque las palabras y sus significados poseen, quiera o no la ministra Calvo, una radical potencia ontológica: son la estructura misma de la realidad. El movimiento de cadáveres tiene lugar en el contexto de una operación de re-significación que, por fin, nos permitirá vislumbrar la idea que de España tiene nuestro gobierno. Si el Valle de los Caídos constituyó un elemento significativo de la España de postguerra, su re-significación se ejecutará en nombre de otra España, hasta hoy arcana y escondida. Pero: ¿qué podemos esperar del acto gubernamental de re-significación relativo a esos núcleos semánticos que son ambos monasterios? A juzgar por las oscuras y confusas fórmulas que hemos escuchado de boca de algunos prohombres del socialismo, cuando mientan a España, nos tememos que el Conjunto Monumental ofrecerá pronto la imagen rutilante de un fascinante Parque Temático.