Opinión

Cuidemos nuestra casa

TRIBUNA

Alieto Guadagni | Jueves 30 de agosto de 2018

Los últimos meses se han caracterizado por graves eventos climáticos en muchos países. Es posible que este año se registre el record de alta temperatura; también es probable que las emisiones contaminantes de CO2 sean las más elevadas del último siglo. El consumo de combustibles fósiles está jugando un papel preponderante en este incremento, por eso el cambio climático es un hecho global con un impacto negativo que irá aumentando año a año, si es que seguimos aumentando las emisiones, como venimos haciendo desde la Revolución Industrial. Según CEPAL (Comisión Económica para América Latina) las emisiones contaminantes en el mundo llegan a 6 toneladas anuales por habitante. Estabilizar el clima en un aumento no superior a 2 grados de temperatura en 2030 implica reducir estas emisiones a 2 toneladas por habitante. Por esta razón es importante que las inversiones en infraestructura que se están realizando (transporte, industrias, construcción, urbanización), y que estarán vigentes en las próximas décadas, sean consistentes con esta exigencia sobre la reducción de emisiones por habitante en los próximos años.

Existe una gran desigualdad de carácter socialmente regresivo, ya que los núcleos poblacionales con ingresos más altos generan más emisiones por habitante que los sectores más humildes. Este hecho es obvio y está directamente vinculado a los distintos niveles de consumos energéticos. Al mismo tiempo, las personas más humildes son las más afectadas por el cambio climático ya que, por ejemplo, viven en áreas geográficas fácilmente inundables y más expuestas a otros fenómenos climáticos extremos.

La manera más eficaz de reducir las emisiones contaminantes podría ser la imposición de un tributo de alcance universal. Este tributo podría integrarse con los actuales impuestos a los combustibles que ya existen en muchos países, si bien con niveles de tributación muy dispares. De acuerdo con las últimas estimaciones del FMI sobre la magnitud económica de esta externalidad negativa el tributo debería ser de 70 dólares por tonelada de emisión de dióxido de carbono hacia el año 2030. Estos tributos a las emisiones deberían complementarse con una reducción de aquellos subsidios energéticos que estimulan el consumo de combustibles contaminantes. El FMI estima que una tarificación eficiente de la energía hubiera reducido las emisiones mundiales de carbono en más de 20 por ciento en el año 2013, disminuyendo así muchos daños ambientales, generando al mismo tiempo una recaudación fiscal adicional en el orden del 4 por ciento del PBI global. Este recurso financiero adicional podría haber sido dedicado a la promoción de las nuevas energías limpias, las inversiones en modernas infraestructuras no contaminantes y estímulos al desarrollo de procesos de captura y almacenaje del CO2, o simplemente a la reducción de impuestos socialmente regresivos y también de impuestos al trabajo.

Al actual ritmo de acumulación de CO2 en la atmosfera en apenas 20 años habríamos cruzado la barrera critica de 450 ppm, de gases alrededor de la Tierra .El futuro depende de la capacidad de la humanidad para diseñar instituciones y reglas económicas de carácter mundial, involucrando a las casi 200 naciones firmantes del Acuerdo de Paris, que están siendo convocadas por Naciones Unidas, para la reunión anual esta vez en Katowice (Polonia). Esta será la reunión COP-24, ya han pasado nada menos que 23 reuniones anuales y los progresos han sido escasos, hubieron si buenos propósitos y ambiciosas declaraciones pero mínimos avances concretos para cuidar nuestra casa común.