AL AIRE LIBRE

CASADO Y LA LEY DE CONCORDIA

Luis María ANSON | Lunes 03 de septiembre de 2018
La catástrofe de la II República Española desembocó en una guerra civil, cuyo resultado...

La catástrofe de la II República Española desembocó en una guerra civil, cuyo resultado inevitable estaba claro: la dictadura. O bien la dictadura del proletariado, es decir, el comunismo; o bien la dictadura de la clase media, es decir, el fascismo.

Tras varios años de violencia atroz, se impuso en España el fascismo, que duró poco tiempo, sustituido por una dictadura pura y dura que es como el general Franco entendía la vida política. Winston Churchill afirmó que “España es un país ocupado por su propio Ejército”. Pedro Sáinz Rodríguez se anticipó diciendo lo mismo unos meses antes. La superación de tanto dislate era la reconciliación y la concordia entre los bandos que escindieron a España en dos. Don Juan III de Borbón, Jefe de la Casa Real Española, lo intentó en 1947 con el Pacto de San Juan de Luz. José María Gil Robles, que representaba al centro derecha, e Indalecio Prieto, que representaba al centro izquierda, llegaron a un completo acuerdo: Gobierno presidido por Indalecio Prieto, con Don Juan en la Jefatura del Estado y a los dos años, elecciones generales, para a continuación someter al pueblo español una Constitución democrática como la de Suecia o la de Italia.

La fórmula no prosperó porque los aliados, tapándose las narices, prefirieron mantener a Franco y no correr el riesgo de una España estalinista. La Monarquía democrática, como en Bulgaria y Rumanía, más el intento de Grecia, podía resultar derribada por el comunismo, que acosaba a Europa.

Don Juan Carlos I se propuso en 1976 lo mismo que su padre en 1947. Y lo consiguió. Fue una operación política magistral a la que se llamó la Transición. Consistió en la conciliación de los dos bandos de la guerra civil. Todas las agrupaciones políticas cedieron en parte hasta conseguir la Constitución de 1978, que ha proporcionado a España cuarenta años de prosperidad y libertad.

José Luis Rodríguez Zapatero cometió el error, inmenso error, de enviar al socio constituyente, es decir, al centro derecha, al zaquizamí de la Historia y reabrió las heridas que habían despedazado a España, impulsando el despropósito de una ley de la memoria histórica. El espíritu de la Transición se resquebrajó.

De forma certera, Pablo Casado ha propuesto una Ley de Concordia que restablezca la esencia de la Transición. Es un acierto pleno aunque tal vez llegue demasiado tarde. Mariano Rajoy, con su mayoría absoluta en el año 2011, pudo intentarlo. Pero no hizo nada. Ni siquiera rozó la zapateresca ley de la memoria histórica. No parece probable que Pablo Casado pueda restablecer el espíritu de la Transición. Pero ojalá lo consiga. Y, en todo caso, está bien que lo intente.