Opinión

México: nuevo legislativo de izquierda

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Martes 04 de septiembre de 2018

Un nuevo poder legislativo nutrido mayoritariamente por representantes del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), inicia sus sesiones este 1 de septiembre de 2018. Conformará la XLIV y XLV legislaturas –periodos de tres años que se enumeran desde 1857, cuando inició su vigencia la constitución de ese año– y marca el hito de que tal partido de izquierda controlará ambas cámaras del Congreso de la Unión, la de diputados y la de senadores.

Para mí, Morena representa una izquierda más pragmática antes que paradigmática. No es el estalinismo y muy lejos está de ser el chavismo o el castrismo. ¿Populista? No menos que el PRI clientelar y en eso se parecen.

Desde luego que este panorama legislativo aunado a que su candidato presidencial no la ganó y a quien no supieron vender mejor por las escasas cualidades que cada cual tenía, fastidia a quienes no votaron por el referido partido al que pertenece el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador y, porque no encuentro otra palabra más precisa, lloriquean lo que a su juicio es un mal congreso denostando a sus miembros morenistas y aseverando que será autoritario. Y digo que lloriquean porque esos mismos críticos de ocasión callaron vergonzosamente cuando ese congreso contaba con la mayoría priista aplastante, propia de un verdadero partido autoritario como así se comportó siempre el PRI y así está demostrado, y desde luego que aplaudieron la otrora composición de tales cámaras como priistas, o callaron cuando la conformaron otros representantes de la farándula o activistas sociales priistas de muy dudosa calidad moral y estatura política, así evidenciados. No perdonan que Morena echó al PRI.

Hay un caso mediático que revela la furibundez selectiva y a modo de los opositores de Morena: el estriptista y cantante Sergio Mayer, elegido por el voto directo en un 45% de sus votantes y que aún no sabemos el desempeño del recién llegado. La democracia permite el acceso al Legislativo a quien se postule y gane la candidatura. Lo normal. Como el sujeto pertenece a las siglas Morena, sus oponentes lo machacan. Perfecto. Solo que… se olvidan a conveniencia que una actriz, la priista Carmen Salinas, ocupó la curul por tres años como lo hará Mayer, pero ella sin ser electa de manera directa por un solo ciudadano. En efecto. La diferencia de situaciones con Mayer es absoluta y abismal. Estriba en que deberían de sonrojarse por su crítica a él cuando conviene y procede recordarles nuevamente que la Salinas ocupó la poltrona por dedazo, en la representación proporcional que la ley confiere a los partidos políticos. Así de sencillo y su aporte legislativo fue nulo, también dígase ante su silencio acusador no empleado con Mayer. Es a Salinas a la que deberían de pedirle cuentas. La Patria no ganó absolutamente nada con su presencia en las cámaras.

Por eso sus quejas responden en realidad a su legítima oposición, pero no necesariamente a reflexionadas objetividades que bien harían en formular antes de expresarse. Paso pues de sus jeremiqueadas. Visto esto hacia el PRI en concreto, nos topamos de nuevo con su visión chiquita y sectaria de que solo las cosas valen y se dispensan cuando él las comete. Desde luego que no puede ser.

Este nuevo Congreso reclama algo que los electores mandataron el 1 de julio: austeridad. Sin ambages, sin torceduras, sin medias tintas. Un ¡ya basta! a solo ser el Legislativo un pozo sin fondo sufragado sin más por los contribuyentes.

Y no hablamos de una austeridad que se abraza por el simple recorte nominal del gasto público, en el eterno debate sobre responder la pregunta ¿cuánto nos debe costar el Estado? Sino que se acompaña ya de anuncios importantes hacia el Congreso, como la eliminación de gastos superfluos –de edecanes a pagarles el parqueo privado de sus lujosos autos– y que con el paso del tiempo, sumados, se volvieron normales y ya suponían no solo la erogación abusiva e injusta sostenida sin poca ni más vergüenza, sino como algo visto por los ciudadanos como un insulto a un país rico, pero de pobreza acuciante por su siempre mala administración y saqueo. Sus medidas de recorte no pueden reprobarse si somos sensatos.

Así entonces, los congresistas pasarán al toma y daca de negociar presidencias de las comisiones que integran cada una de las cámaras del Congreso de la Unión, que será la siguiente batalla campal interna, con un PRI disminuido –solo en el Senado poseerá 14 de los 128 escaños– lo que ya adelanta que será tratado exactamente igual que como se comportó por décadas con la oposición cuando era el que partía el bacalao. De manera que jugará un papel marginal. Abandonado por sus electores, ahora amaga con que será vigilante del gobierno entrante, pero sin votos camerales para imponerse, marginal su tarea es lo conducente y es lo previsible que suceda. Casi desaparece del Congreso.

Desde luego que la visión priista ni es la mejor ni la más autorizada para trazar el rumbo del país, no obstante que sus extraviados corifeos lanzan gracejadas un día sí y otro también, descontentos con un Congreso federal que casi les cierra las puertas por su mal desempeño como partido. El PRI no manda más, de momento. No es otra la causa de su desaire y ardidez y así se lo restregaron los electores el 1 de julio.

Este congreso que nace el 1 de septiembre deberá de crear nuevas reglas de control interno y establecer las necesarias para que no se produzcan los gigantescos desfalcos a la Nación que propinó el PRI desde todos los frentes donde tuvo dinero en sus manos, pues dejamos atrás un nauseabundamente corrupto gobierno priista –manifiesto en la cara de Enrique Peña Nieto– que deja faltantes por miles de millones de pesos, voraces como lo fueron los priistas, desviados desde el gobierno que encabeza, y desde gobiernos provinciales, sindicatos…un no hartarse los muy ladrones. Tantos perseguidos por Interpol.

Esa es la realidad que enfrenta el nuevo Congreso de la Unión ahora de extracción morenista en su mayoría. No será una tarea sencilla, porque detentar los más de curules y escaños no garantiza que lo harán mejor y la verdad es que enfrentan un panorama muy difícil, porque ese es justo el que deja el PRI y conviene también recordarnos de qué venimos: del peor sexenio priista en toda la Historia y que deja a México hiperendeudado, no solo súper o sobre, como nunca antes y con la peor violencia desbordada ante la carencia de una estrategia firme. La sobrada irresponsabilidad del PRI, infinita e inocultable, hipotecará en gran medida los seis años venideros, donde el nuevo gobierno más deberá limpiar la casa que emprender tareas nuevas y eso que los priistas no lo olviden: no supieron gobernar, les quedó grande México y todos pagaremos las consecuencias de su impunidad e inoperancia, que esperemos que este nuevo congreso se encargue de combatir y de revertir, porque urge hacerlo.

Eso espreramos millones de ciudadanos. Y así lo de Mayer es lo de menos.