Opinión

No es broma: Sánchez asegura que hace lo que dice

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 09 de septiembre de 2018

En un nuevo y desternillante autobombo, en formato vídeo o plasma a lo Rajoy, Pedro Sánchez hace un surrealista balance de sus cien días de Gobierno. Además de proclamar el feminismo y demás zarandajas progresistas del Ejecutivo, el presidente declara sin complejos que su “Gobierno hace lo que dice”. Ni Arriola hubiera mejorado el guión.

Para empezar, Pedro Sánchez durante sus discursos de la moción de censura proclamó hasta la saciedad que convocaría inmediatamente elecciones generales. Pero cuando pisó La Moncloa, se subió al helicóptero y disfrutó del confortable Falcon para ir de conciertos, decidió que agotaría la legislatura. Y ahí sigue intentando como loco aprobar los Presupuestos con el copresidente Pablo Iglesias y sus amigos separatistas y proetarras.

También cambió de opinión después de prometer con la solemnidad que le adorna que derogaría la reforma laboral del PP, que publicaría la lista de amnistiados fiscales, que exhumaría a Franco en julio, que aprobaría el concurso público para la renovación de RTVE… No ha hecho nada de lo que dijo. Solo ha asaltado la televisión pública con un “decretazo” para ejecutar la mayor purga de periodistas que se conoce hasta la fecha. Los socialistas lo califican de pluralismo e independencia.

El caso de Llarena es de juzgado de guardia. Tanto la ministra de Justicia como la vicepresidenta del Gobierno declararon con rotundidad que se trataba de un asunto privado del magistrado del Supremo. Que se las apañara él solito por declarar que España es una democracia. Pero, cuando hasta las Asociaciones de fiscales y jueces más progresistas pusieron el grito en el cielo, apareció Pedro Sánchez, durante su histórica gira americana, y sin el más mínimo pudor dijo que el Gobierno siempre había estado dispuesto a defender al juez, pues se trataba de un asunto de Estado. Dijo “siempre”.

También cambió el Gobierno de criterio cuando expulsó en caliente a 100 migrantes ilegales, poco después de la parafernalia internacional de acoger al Aquarius y convertir España en el paraíso de las mafias de las pateras.

El último acaba de ocurrir. El Ministerio de Defensa canceló el contrato de venta con Arabia Saudí de 400 bombas de precisión porque podían emplearse contra Yemen “en un claro atentado contra los derechos humanos”. Al día siguiente, los árabes anunciaron que en tal caso anulaban la compra de 5 corbetas, lo que suponía que los astilleros de Cádiz perderían 6.000 puestos de trabajo y 2.000 millones de euros. Alarmado, Pedro Sánchez se puso a llamar a los jeques para pedirles perdón “por el malentendido”. La frase que mejor resume el amor a los derechos humanos en Yemen de Podemos, y por ende del PSOE, la ha pronunciado el singular alcalde de Cádiz, conocido por Kichi:”Entre la paz y el pan, nos quedamos con el pan.” ¿Alguien se imagina el escándalo del mundo mediático progresista si tal frase la hubiera pronunciado Pablo Casado o Albert Rivera?

En todo caso, el presidente del Gobierno, más que con el pan, quiere quedarse con La Moncloa. Y si es de por vida, mejor. En efecto, este Gobierno hace lo que dice. Solo que cada día dice una cosa distinta. Pero jamás ha rectificado en lo esencial. Va en línea recta hacia el precipicio. En la historia de nuestra democracia, ningún Gobierno ha sido capaz de cometer tantos errores ni decir tantas tonterías en solo cien días en el poder. Y ahí sigue Pedro Sánchez presumiendo en su autobombo filmado de que “ha llegado el cambio”. Igual se refiere al cambio de rumbo.

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